El pelota
Cuando el futbolista Emilio Butragueño declaró que Florentino Pérez «era un ser superior», no sólo se encaramó al más alto podio de los aduladores en España, sino que garantizó su cargo de portavoz del Real Madrid durante los períodos presidenciales de Pérez
Durante muchos años, en la vieja e incomparable Codorniz, el dibujante Serafín publicaba cada semana un par de dibujos de la 'Oficina Siniestra'. Una oficina destartalada, con un jefe déspota y majadero, y centenares de miles de pelotas. Los pelotas llevaban adosados sus números correspondientes para subir en el escalafón del agradecimiento del jefe, y el más activo era el 'Pelota 288.321.
Una vida dedicada a la coba sin fruto, por cuanto diez años después de aparecer por vez primera, el 'Pelota 288.321' no había ascendido ningún puesto. El maldito escalafón. Se dice de un monaguillo que daba volteretas de alegría en la Plaza de San Pedro celebrando jubilosamente el fallecimiento de Su Santidad El Papa. Un sacerdote le llamó la atención con severidad. –¿Cómo puede usted celebrar con este jolgorio el fallecimiento del Santo Padre?
Y el monaguillo precisó: –Padre, es que el escalafón es el escalafón.
Cuando el futbolista Emilio Butragueño declaró que Florentino Pérez «era un ser superior», no sólo se encaramó al más alto podio de los aduladores en España, sino que garantizó su cargo de portavoz del Real Madrid durante los períodos presidenciales de Pérez. Doña Mariperta, granadina y esposa del ministro de Educación del Gobierno del Almirante Carrero Blanco, Julio Rodríguez, en los últimos tramos del Régimen de Franco, se emocionó tanto al saludar por vez primera al Generalísimo que se trabó en el elogio desmedido:
–Si me lo permite, aunque me salte el protocolo, estoy impresionada de lo estupenda que está Vuestra Excelencia. Y Franco, que tenía una contundente retranca gallega, se lo agradeció de esta manera. –Muchas gracias, porque últimamente he estado bastante pachucha.
El Pelota Oficial del Reino, en los actuales momentos, no es otro que Rafael Simancas. Para no ser un pelota figurado o metafórico, se ha rapado la cabeza, y encaja a la perfección con su cargo de adulador frenético de Pedro Sánchez. Es hombre de pocas luces, y ha alcanzado la cima de sus aspiraciones. Sánchez lo ha ubicado en un escaño muy cercano a Su Persona, y su única función parlamentaria es la de asentir y ovacionar al Kennedy de La Mareta, cada vez que miente en el Congreso. Pero por mucho que lo haga, Sánchez, que es redomado granuja pero no tonto, apenas repara en las ovaciones de Simancas, que como en la 'Oficina Siniestra' de Serafín, lleva adosado con carácter invisible el cartel de 'Pelota 288.321'. Pero no asciende.
El objetivo de Simancas, al principiar la terrible Legislatura que hoy padecemos en España, era conseguir, como poco, alcanzar el puesto de 'Pelota 167.954', pero ha resultado imposible. Ni la salida humillada de Iván Redondo le ha permitido ocupar la vacante que corre por el turno, y ser el 'Pelota 288.320'. Y ello, a pesar de lo mucho que se ha enfadado en público, colgando mensajes en las redes sociales, criticando a los que nos hemos reído de las alpargatas de ante Classic Beige que lució su ídolo mientras arreglaba lo de Afganistán.
Simancas es un hombre a tener siempre inmerso en la misericordia. Su responsabilidad política y legislativa se resume en una sola acción. Aplaudir a Sánchez para provocar las palmas entre sus compañeros de partido. Es decir, la «claqué». Aquellos contratados por las compañías de teatro que en los mutis precisos, aplaudían para animar al público.
El genial Antonio Ozores intervino en un gran fracaso teatral. A la tercera representación sólo acudió un espectador de pago y los siete de la «claqué». Antonio hacía de investigador policial. Y en el primer acto, se encontraba un cadáver en un salón. Ozores lo examinaba y en un momento dado, interrumpía su examen y exclamaba: –¡Oigo pasos! Desde el patio de butacas respondió el único espectador que pasó por taquilla: –Son los míos, ¡Me voy!. Y remachaba Antonio: –Lo mala que sería la obra, que también se fueron los de «claqué».
Pues eso. Simancas es la «claqué» de Sánchez, muy bien remunerada, pero no se va. Mientras dure la mamandurria, seguirá aplaudiendo las mentiras y majaderías del Chancletas de Kabul.
- Publicado en la web de Alfonso Ussía el 21 de agosto de 2021