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En primera líneaJosé Antonio García-Albi

¿Y si ardiesen las autonomías?

Ya sé que les va a dar mucha rabia a los políticos, pero la mayor demostración de la incapacidad de cada una de las capas de las administraciones públicas, derivada de su obesidad patológica, es que con Franco había menos incendios, y se apagaban más rápidamente, a pesar de la «pertinaz sequía»

Tranquilos que utilizo el verbo arder en sentido figurado y metafórico. Pero creo llegada la hora de preguntarse muy en serio si no estaríamos mejor sin ellas. Al final del pasado verano sufrí una experiencia personal al observar en frente de mi casa en un pueblo de Segovia un incendio. Llamé al teléfono de emergencias y las dos conversaciones con ellos parecían más una actuación de Gila que de una situación de gravedad; nunca avisaron a nadie. Una hora después llegó una pareja de la Guardia Civil, avisada por alguien del ayuntamiento, que consiguió que tras otra hora adicional llegaran los bomberos desde un lugar a 35 kilómetros en lugar de que lo hicieran los que se encuentran a tan solo 8. A ver, en dos horas en según que terrenos, como hemos visto este verano, puede no quedar nada; son decisivas. Tristemente estas cosas pueden explicar que el pasado año murieran cinco personas en los incendios. Y todo hacía presagiar que el presente podría ser aún peor.

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El Debate (Asistido por IA)

Comenzamos con el terrible incendio de Los Gallardos que provocó 13 muertos. No sabemos cuánto tiempo paso desde el primer aviso hasta que llegaron los primeros efectivos de extinción. Pero si tan solo en el desplazamiento desde su base en Almería consumieron casi una hora es fácil adivinar que la gestión de la tragedia no fue efectiva; ¿ a qué hora alguien llamo a emergencias? Secreto. Imagino que para un primer momento no acudieron bomberos de Águilas (Murcia) que está más cerca, tan solo porque es otro paisito. Luego tuvimos que soportar el infame espectáculo que ofreció Moreno Bonilla al culpar, desde un primer momento, a los fallecidos de su propia muerte.

Casi coincidiendo con el final de ese incendio, vimos que la Generalidad pedía la ayuda de la UME incapaz de controlar otro incendio en Gerona. Y poco después, mientras en Segovia había que evacuar ocho pueblos durante cuatro días, era preciso hacer lo propio con otros treinta en Guadalajara por otro terrible incendio que calcinó 35.000 hectáreas. Imaginemos una superficie rectangular de tierra que tiene 10 Km de ancho por 35 Km de largo; piensen en un pueblo que diste 35 Km desde su casa y se pueden hacer idea de la dimensión de la zona devastada.

Mientras escribo estas líneas hay más de 100.000 personas afectadas en Madrid y Ávila ya que han sido desalojadas importantes poblaciones. En Ávila se está produciendo una verdadera catástrofe natural además de otros desalojos y evacuaciones. Vamos una tragedia nacional y cuando esto escribo aún no ha concluido el mes de julio; queda verano

La profusión de incendios, la magnitud y duración de los mismos y por lo tanto sus devastadores efectos no son fruto de la casualidad; obedecen a otras razones. Las administraciones autonómicas, al igual de las demás administraciones públicas, han ido engordando y engordando hasta convertirse en unas masa de obesidad mórbida e inútiles para ser eficaces y eficientes. Crean órganos, departamentos y organillos sin freno ni control. Dedican su tiempo a acrecentar los laberintos de procesos, procedimientos, pasos previos, en los que perderse ellos, en la inutilidad e irresponsabilidad, y en la desesperación el ciudadano. Cuando veo arder España y me hablan de un tal CECOPI (donde se diluyen las responsabilidades). O cuando tras tres días de incendio me dicen, por todo potaje, que el fuego ya está perimetrado, no puedo menos de pensar ¿y no sería mejor que lo apagasen en lugar de perimetrarlo? Tras las tragedias, nunca hay responsabilidades. Viendo la situación y hablando de las autonomías ¿Para qué las queremos, si a sus costes directos hay que añadir el de los daños? Por mi experiencia y las de otros, sabemos que no funcionan; como mucho hay algunas que se limitan a complicar la vida de los ciudadanos creando problemas idiomáticos. Vemos también que el nulo funcionamiento es ajeno al color del gobierno de la Comunidad, porque es el sistema el que padece la parálisis. Es cierto que las comunidades autónomas no funcionan, pero además no es menos cierto que están desasistidas por un gobierno central que es el peor desde los de Juan Negrín.

Si a la ineficacia regional le ponen por encima la malignidad del gobierno central, el drama es insuperable. Un gobierno que se ha dedicado a usar políticamente y de forma miserable las tragedias. Que se gasta el dinero en cualquier cosa, en pagar a ilegales y por supuesto en ellos mismos, todo menos en dotar de medios materiales y aéreos para combatir el fuego, y que por marketing dogmático elimina pantanos y azudes en los que aviones y helicópteros puedan tomar agua. Al que solo le preocupa inventarse banderas como las climáticas y, para aparentar que hacen algo, tocar narices y perendengues a los contribuyentes con muchas tonterías como la de prohibir fumar en playas y terrazas; lugares que nunca van a arder. Por cierto, que el único cambio climático posible sería que el clima no mutase y no cambiase; si fuese constante e igual siempre, entonces ocurriría que el clima habría cambiado. En cualquier caso, las oscilaciones climáticas tan solo afectan a la desfachatez política para justificar su abulia. Pero si sabemos que el clima varía y se modifica, ¿por qué los que cobran no están preparados? Al desasosiego se une la rabia que genera el hecho de que para estar informado de la evolución de los incendios, hasta que hayan alcanzado ya lo trágico, tengas que descender en periódicos digitales hasta superar y concluir el convoy de noticias sobre robos, corrupción y el proceso ilegal de cambio de régimen.

Y llegamos a la tercera aberración, la normativa en relación con los espacios y recursos naturales, como el campo y el bosque, que con la excusa de que viene de Europa, las dos formaciones políticas principales aplican desde el gobierno y en las comunidades autónomas. Y digo excusa porque son ambas formaciones quienes las diseñan en el gobierno de coalición que manda en Bruselas. Son los populares y los socialistas los que crean las normas que están destrozando el campo y el bosque nacional; bosques que nunca han estado peor gestionados en toda la historia que ahora. Es un asunto que conozco muy de cerca y son atentados contra el medio ambiente los que realizan en Bruselas, en el gobierno y en las autonomías. Empecemos quitando la fila de más abajo, la autonómica.

No me voy a alargar trepando por el árbol burocrático hacia Europa. Baste decir que cuando veo a la fabricante de tapones, Doña Úrsula, me viene a la cabeza la frase de la canción de Serrat, «Aquellos locos bajitos», que decía: «¡Niño!, deja ya de joder con la pelota».

Ya sé que les va a dar mucha rabia a los políticos, pero la mayor demostración de la incapacidad de cada una de las capas de las administraciones públicas, derivada de su obesidad patológica, es que con Franco había menos incendios, y se apagaban más rápidamente, a pesar de la «pertinaz sequía». Y que eso sea así no es culpa de los sufridos contribuyentes.

  • José Antonio García-Albi Gil de Biedma es empresario
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