Óscar Puente, el hombre primitivo
Sí, fue el regreso triunfal de míster Sauna, tras su gira en Peugeot o en Mercedes, junto con otros tres intelectuales, lo que cerró la última ventana del PSOE. Desde entonces todos respiran el mismo aire enrarecido, tóxico. Está el hombre primitivo para hablar de contaminación
Hay palabras que contrastan con su emisor, provocando una paradójica ampliación del sentido. Es el caso de Puente y la contaminación que ve en el Rey por haber saludado a Javier Negre, periodista con el que coincidió. Puente pone etiquetas de extrema derecha y espera que obliguen a Felipe VI. —¿Qué es contaminación? —dices mientras clavas en mi pupila tu pupila azul. Pero vamos a ver, ¿el hombre primitivo se ha leído, se ha oído, ha revisado su gestión? Es Puente quien encarna la contaminación de la política y de las instituciones. ¿Le ha dado la mano al Rey alguna vez? Pues si su teoría fuera cierta, ya estaría el Rey más contaminado que Chernóbil en mayo del 86, más contaminado que Lahore en hora punta. Hay un periodista que le desagrada. ¿Y qué? A mí lo raro es que me agrade algún periodista de RTVE o del club Pilé 61. Pero al Rey no se le toca. Y no me refiero al apretón de manos. En sentido literal sí se le toca. Basta con ir a caer delante de él y te da la mano porque no es un hombre primitivo sino un monarca civilizado. No se le toca en la contienda de baja estofa.
Confieso que en la era de las redes uno puede caer en querellas tabernarias virtuales. Solo nos salva hacer luego las cosas, en el mundo real, de manera competente, sin olvidar las normas básicas de urbanidad. Cabe la crítica al Rey por sus decisiones, pero esperar que le niegue el saludo a alguien porque no encaja con los rudimentos cognitivos tribales del hombre primitivo es una zancadilla al Rey, una patada en la espinilla al Rey. Con su franqueza silvestre, el hombre primitivo nos está mostrando lo que el PSOE espera del monarca. Antes les bastaba con que no se metiera en camisa de once varas. En esa época feliz, Felipe VI les habría complacido. Ahora exigen que el Rey comparta sus fobias personales.
El gobierno donde se refugia el hombre primitivo se sostiene sobre socios que quieren abolir la monarquía, que insultan al Rey, que inventan tropiezos de la Corona para extraer conclusiones monotemáticas e invariables. Entre los socios del hombre primitivo están los herederos del que intentó atentar contra Juan Carlos I en Mallorca. El gobierno donde gruñe el hombre primitivo se aguanta sobre cañas podridas, sobre delincuentes autoamnistiados, sobre neomarxistas a los que el último PSOE (antes del regreso a la selva) despreciaba. No me lo tiene que contar nadie porque estuve en la almendra que creyó posible pactar con ellos cuando aún eran personitas de orden. O lo parecían, como lo demuestra la manera en que echaron a Sánchez. Sí, fue el regreso triunfal de míster Sauna, tras su gira en Peugeot o en Mercedes, junto con otros tres intelectuales, lo que cerró la última ventana del PSOE. Desde entonces todos respiran el mismo aire enrarecido, tóxico. Está el hombre primitivo para hablar de contaminación.