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Perro come perroAntonio R. Naranjo

Leo y la piel de mariposa de Ceuta

No se puede consentir que no ayuden a curar a un niño ni den cama a un policía en el mismo país que pone wifi y alimenta a unos invasores chulos

Leo es un pequeño héroe de 12 añitos que tiene piel de mariposa, una enfermedad terrible e incurable con un tratamiento paliativo que no cubre el Ministerio de Sanidad y él ha logrado que lo haga la Junta de Andalucía. Pero él no se ha conformado con una solución individual y ha iniciado una campaña para que todos los que sufren lo mismo tengan idéntica atención.

Por lo visto, no hay dinero para Leo, y para otros como él que viven en las sombras, como si fueran invisibles. Tampoco para alojar a los policías movilizados a Ceuta: les dan 70 euros por día para que se busquen desayuno, comida, cena y cama; y solo algunos han encontrado un catre infecto generosamente cedido por sus compañeros militares, que no tienen nada mejor que ofrecer.

Tampoco hay para ellos. Ni para los cientos de autónomos que han perdido su actividad en Ceuta, ni para una silla de ruedas o unas muletas para los señores que se rompen una cadera, ni para disponer de aviones suficientes de atención temprana a incendios, ni para tantas cosas cotidianas que requieren personas comunes con necesidades cotidianas o inusuales como Leo y justificarían soportar la mayor presión fiscal de la historia.

Sí lo hay para instalar un camión repetidor con antena en Ceuta, para que los intrusos disfruten de wifi y puedan comunicarse con sus familias a decirles que la cosa no va mal y que pronto, si hay suerte y España es tan tonta como parece, podrán traérselos a todo y aspirar a ese variado catálogo de ayudas y subsidios que no le llegan a Leo.

O quizá para pasarle información o recibirla de la Inteligencia marroquí, camuflada entre los asaltantes. También para instalar campamentos y literas que ya quisieran los policías, con una dieta que tampoco les da para garantizarse el hospedaje y el avituallamiento disponible para quienes, en cuanto pueden, les apedrean.

Sé que alguno pensará que no es justa la comparación, que la demagogia consiste en confrontar situaciones distintas para hacer ver que las carencias de unos no pueden convertir en privilegios los excesos de otros. A quienes piensen así, solo puedo recomendarles que hablen con el pequeño gran Leo y se lo expliquen. Que le digan que un jeta porrero de 25 años, de fiesta perenne en El Trampolín, se merece más ayuda que él.

La política consiste en elegir, a partir de un estudio realista de las prioridades y los recursos disponibles, qué debe hacerse con la combinación perfecta de cabeza y de corazón. Cuando se sustituye esa máxima por un universo paralelo en el que se atiende a falsos vulnerables y se olvida a los vulnerables de verdad o se prescinde del análisis riguroso del receptor de un solo euro procedente de riñones ajenos, en pos de fabricar un relato ajeno a los hechos que encaje en los intereses propios, se produce una quiebra de difícil reparación.

Y eso es lo que lleva pasando demasiado tiempo en España, donde se ha implantado un sistema clientelar que apuesta por cargar en medio país el sostenimiento de la otra mitad para, a continuación, alimentar el mensaje de que la parte mantenida puede insultar a la mantenedora.

Ceuta es el clímax de esa perversión: a los caballas les invaden, pero ellos son los radicales por no aceptar que es una «crisis migratoria», que su inseguridad es «subjetiva» y que su única postura razonable ha de ser entender que sus calles ardan cada noche, sus playas se conviertan en el Bronx y esos tipejos que se ríen en sus caras y vienen mandatados por el capo de un narcoestado son, en realidad, pobres refugiados llenos de luz.

Y si les quitan hasta la casa, disfruten, que están construyendo un mundo mejor. Quiénes demonios son nuestros Leos para pensar que lo suyo, al lado de ese drama, tiene alguna importancia.

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