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El puntalAntonio Jiménez

Entre Zapatero y Sánchez esto se parece cada vez más a los Soprano

Tal degeneración que compete por igual a Zapatero y Sánchez sólo puede explicarse, como lo definió con crudeza Alfonso Guerra hace un año, en el hecho de que «Sánchez ha convertido al PSOE en una banda de macarras y bandidos que parece 'Los Soprano'»

Instalados en su falsa superioridad moral sobre la derecha, Sánchez y sus corifeos políticos y mediáticos, se creen con patente de corso para exculpar desmanes y tropelías y justificar la pertinaz incompetencia que singulariza su gestión política. Sólo con una desvergüenza estratosférica se puede señalar desde Nueva York , como hizo, a Almeida y Ayuso del desahucio de Maricarmen cuando en España se registran 90 alzamientos cada día, más de 220.000 desde que está en la Moncloa y proclamara que con él se acabarían los desahucios en España. Prueba de la descarada e insolente instrumentalización que Sánchez y la izquierda hace del caso de Maricarmen es la indiferencia con la que recibieron hace días la noticia del suicidio de Olga en Hospitalet, después de ser desahuciada de su piso con dos hijas, una menor de edad, y tras haber pasado por el Parlamento catalán donde explicitó sus intenciones dada su desesperación por estar en paro y no poder pagar la hipoteca. Imaginen que el caso de Olga se hubiera dado en Madrid. La protesta que la izquierda populista montó por el perrete Excalibur se habría quedado en una broma y la Casa del Reloj blindada con la Puerta del Sol ardiendo.

Es evidente que en la Cataluña socialista de Salvador Illa, donde se realizan cinco veces más desahucios que en Madrid, no hay una Ayuso a la que culpar para buscar rédito electoral, ni sus socios independentistas le recuerdan que tiene un ministerio de vivienda más inútil que una fábrica de hielo en el Ártico y que después de nueve años de gobierno anunciando y prometiendo una veintena de planes con decenas de miles de viviendas públicas para compra y alquiler asequibles, las casas construidas son tan descriptibles que caben más vecinos en la Casita de Bud Bunny que en esos pisos, como le espetó Almeida.

Esa mezcla de desfachatez, ausencia de rubor alguno y ridículo consentido por sus incondicionales, ha hecho que Sánchez y sus ministros descarguen de forma recurrente en la oposición culpas y responsabilidades propias y persigan y arremetan contra jueces, periodistas y servidores públicos que investigan o critican sus déficits políticos y actividades presuntamente delictivas, apelando a consignas irrisorias para justificar tantos desatinos y desmanes. De esta guisa, Elma Saiz afirma sin sonrojarse que Begoña Gomez será juzgada por «ser la mujer de un presidente progresista» , y no por lucrarse de su influyente condición de esposa del jefe del gobierno. O Ángel Víctor Torres compara el ajuar digno del marajá de Katapurthala que Zapatero tenía en su caja fuerte con el «obsequio de una caja de productos típicos» , para exculpar la golfearía del expresidente por quedárselo y no entregarlo a Patrimonio.

El caso es que Zapatero le trincó el joyerío, supuestamente, al obsequioso y ya fallecido Rey Abdalá, por lo que no puede atestiguarlo, y supongo que le diría aquello que tantas veces se atribuyó al legendario e irónico Alfredo Di Stefano cada vez que recogía un premio: «No debería aceptarlo porque no me lo merezco pero lo trinco».

Y eso hizo Zapatero supuestamente, insisto, trincar un regalo en 2007 que le puede absolver de delitos fiscales y de contrabando si se confirma que las joyas fueron un presente del monarca saudita y no un pago en especies, una comisión, a cambio de sus influyentes servicios de conseguidor ante el gobierno de Sánchez con licencia para condicionar la política internacional de España. Y es lo que teme el expresidente y por lo que ha recusado a Yanes: que sus peritos al margen de tasar y valorar nuevamente el joyerío en más de dos millones de euros le digan al juez que las piedras preciosas no proceden de Arabia Saudí, cosa que también dijo su portavoz Luis Arroyo, y por tanto que lo del regalo es una milonga para eludir, por estar prescritos, esos dos delitos que sobrevuelan su negro horizonte penal.

De momento ha preferido autoinculparse incurriendo en un posible cohecho impropio y pasar por un político inmoral y deshonesto además de un evidente defraudador de Hacienda, para evitar las consecuencias penales mas severas que conlleva el ajuar en tanto no se aclare su procedencia. Y tampoco, aparentemente, le incomoda el haberse delatado por incumplir su propio código ético de gobierno, ni el reproche moral que conlleva quedarse el ostentoso regalo de una monarquía feudal que no respeta y viola los derechos humanos.

Es evidente que el «faro moral de la izquierda» como le presentó Sánchez, se ha apagado en medio de tantas imposturas, desatinos, tropelías e hipocresía, suya y de cuantos sanchistas se declaran socialistas «porque tienen poco y dan mucho», pero sucumben al vil metal con la misma querencia y natural inclinación que cualquier delincuente común o utilizan métodos mafiosos, como rebelan las investigaciones sobre las cloacas de Ferraz, para aliarse con mafias locales y sicarios que intimiden y amedrenten a jueces como la magistrada Biedma por haber osado investigar al hermanísimo. Tal degeneración que compete por igual a Zapatero y Sánchez sólo puede explicarse, como lo definió con crudeza Alfonso Guerra hace un año, en el hecho de que «Sánchez ha convertido al PSOE en una banda de macarras y bandidos que parece Los Soprano». No se me ocurre una descripción más acertada que la del exdirigente socialista para retratar la política de su partido en tiempos del sanchismo.

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