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En libertadJano García

Votantes del PSOE: cómplices de la muerte

Cualquiera que vote el 29-N al PSOE será cómplice de la mayor atrocidad que un gobernante puede ejercer contra su pueblo: matarlo

Sería absurdo negar que el mundo en el que nací y el actual cada vez se separan más. Y lo hacen porque todos los preceptos con los que crecí han muerto. Son muchos los que han sido asesinados en los últimos años, pero sin duda el más grave es el que ha permitido dar rienda suelta a las aberraciones más inimaginables, esto es, la nula capacidad por parte de la sociedad de discernir entre lo que está bien y lo que está mal. Uno creció convencido de que la naturaleza humana exhibía necesariamente diversidad. Una diversidad que podía verse recogida en aspectos físicos, intelectuales y también ideológicos. Una diversidad que en cierta medida nos obliga a cooperar y aportar, cada uno dentro de sus posibilidades, para sacar adelante a toda una nación.

No obstante, los distintos nos veíamos reconocidos en ciertas ideas. Una de ellas era el férreo convencimiento de que asesinar, perseguir, secuestrar, extorsionar, mentir y coaccionar al distinto era algo malo. No importaba si luego uno votaba al PSOE al PP o a la madre que los parió, todos sabían que esos actos debían contar con una repulsa unánime por parte de la sociedad. Sin embargo, en los últimos años la cosa ha cambiado.

Nunca antes en la historia de España habíamos sufrido un accidente en la Alta Velocidad. Algunos, equivocadamente, señalan el accidente de Angrois, mas ese no fue técnicamente un accidente de Alta Velocidad. Nunca antes habíamos sufrido uno y, obviamente, dos tampoco. En total, más de 115 personas han perdido la vida en España debido a sendos accidentes este 2026. Las causas definitivas, a día de hoy, todavía se desconocen. El Gobierno trató de utilizar la excusa del «error humano», pero pronto esa hipótesis quedó diluida y abandonada al contemplar que nadie en su sano juicio podía comprar la última miserable explicación de Puente y Sánchez. Nadie excepto aquel que abraza la maldad como forma de vivir.

Decía Ortega y Gasset que la humanidad se puede dividir en dos clases: las que exigen mucho y acumulan sobre sí mismas dificultades y deberes, y las que no se exigen nada especial, sino que para ellas vivir es ser en cada instante lo que ya son, sin esfuerzo de perfección sobre sí mismas, boyas que van a la deriva. Y este último grupo —los que no exigen nada especial ni aportan nada positivo a la sociedad— son los votantes del PSOE que, con tal de estar sentados en los bancos del gobierno —que no gobernando, pues eso lo hacen los secesionistas y los que asesinaban a sus propios militantes— son capaces de asumir el mayor fracaso posible de una sociedad, esto es, ser incapaces de distinguir lo que está bien de lo que está mal.

Y es que, llegados a este punto, cualquiera que vote el 29-N al PSOE será cómplice de la mayor atrocidad que un gobernante puede ejercer contra su pueblo: matarlo

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