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El puntalAntonio Jiménez

Cierto, no somos iguales. Sois peores por corruptos e incompetentes

Tiene guasa que como Simón Pedro de Galilea negó a Jesús, el desvergonzado Pedro de la Moncloa haya negado a su ex chófer del que dice que «no tiene ninguna relación con esa persona», a pesar de los testimonios gráficos y evidencias en las redes que acreditan momentos compartidos con él

A estas alturas de la historia no es aventurado concluir que hay una relación causal entre la corrupción en Fomento-Transportes y el deficiente mantenimiento del sistema ferroviario cuyas consecuencias han sido dos tragedias terribles y la muerte de 115 personas. A más mordidas menos inversión y peor mantenimiento.

Acierta Abascal situando a ese ministerio, que regentaron Ábalos, después una tal Raquel Sánchez y hasta ahora Óscar Puente, como el epicentro y la 'zona cero' de la corrupción del sanchismo. Hasta la Fiscalía Europea ha puesto en marcha por iniciativa propia, cosa infrecuente, una investigación de oficio por el posible fraude en la utilización de los fondos de la Unión Europea en las obras de mejora y renovación de los sistemas de comunicación , señalización y seguridad de la línea Madrid Andalucía, cuyo fallo sistémico provocó precisamente el siniestro de Urda.

Es ya obvio que Transportes, antes Fomento, fue una suerte de puerto de Arrebatacapas asaltado por «Alí-Babá» Ábalos, su escudero Koldo y el comisionista Aldama, con la connivencia y complicidad de súper Santos Cerdán, nada más llegar a la Moncloa, con el objetivo de amañar contratos, trincar mordidas y comisiones.

En medio del luto por las víctimas de Urda, la UCO ha requisado en Adif contratos sospechosos, ligados a empresas de mantenimiento de la alta velocidad entre Madrid y Sevilla, que tenían a Koldo y su mujer a sueldo, y expedientes de obras para averiguar el destino de los más de 111 millones de euros que Bruselas entregó a Sánchez para renovar raíles, traviesas y un sistema de seguridad obsoleto.

Y justo en el epicentro de esta «merdé» corrupta irrumpe la figura del chófer de Sánchez en su gira andaluza durante las primarias, imputado y detenido en Córdoba. Cristian Corvillo es el cuarto golfo de la banda del Peugeot-Mercedes que acompañó a Sánchez en su periplo y ahora forma parte de la misma organización criminal integrada por los cuatreros que con él llegaron al gobierno para robar y duermen en Soto del Real o están imputados. Corvillo trincó, según la UCO, de las mascarillas, de los hidrocarburos con Aldama y de las contratas en Andalucía relacionadas casualmente con el mantenimiento de la vía de alta velocidad siniestrada por partida doble.

Tiene guasa que como Simón Pedro de Galilea negó a Jesús, el desvergonzado Pedro de la Moncloa haya negado a su ex chófer del que dice que «no tiene ninguna relación con esa persona», a pesar de los testimonios gráficos y evidencias en las redes que acreditan momentos compartidos con él, incluida alguna paella campestre. Nada sorprendente, por otra parte, en quien hizo de la mentira su norma de conducta habitual y terminará negando a Begoña.

De la banda ya sólo queda Sánchez sin pasar aún por el cedazo de la justicia mientras los demás están en prisión o imputados tras ir cayendo como los «negritos» de Agatha Cristie. Pero esto aún no ha concluido y el final de Sánchez se intuye aunque no esté escrito, como no lo está el de las tragedias de Adamuz y Urda después de la dimisión de Puente por más que el corifeo ministerial y mediático del sanchismo se desgañite ridículamente en repetir la consigna de «no todos somos iguales» para sustanciar su responsabilidad política a diferencia de otros y presentar su renuncia como un gesto de respeto a unas víctimas con las que Sánchez y Puente no empatizaron nunca, tras abandonarlas en Adamuz e ignorarlas en Urda.

No hubo dignidad, ni ejemplaridad pública alguna, sino cálculo electoral en esa dimisión registrada 115 muertes tarde y nueve meses después de Adamuz, donde las advertencias y denuncias previas al descarrilamiento por parte de los maquinistas sobre el deterioro de las vías no se tuvo en cuenta para evitar una tragedia con 46 fallecidos, evitable, que después se ha repetido en Urda por la incompetencia del macarra Puente y ahora, sospechamos, que también por la corrupción sistémica en el ministerio responsable del gestor ferroviario.

Y si al posible fraude, comisiones y mordidas pagadas en detrimento del mantenimiento y la seguridad del sistema y por tanto de los pasajeros, añadimos la suplantación de cargos técnicos en Adif por amiguetes, paniaguados y conmilitones del PSOE y de sus socios de gobierno, sin zorra idea de trenes y vías, hasta el punto de adquirir convoyes que no cabían en los túneles, ¿qué podía salir mal? Ciertamente no somos iguales. Son peores por corruptos e incompetentes.

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