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Larga cambiadaJavier Fernández-Mardomingo

Claro que no todos son iguales

Por eso tras horas de explicaciones sobre Adamuz lo único que quedan son las mentiras de entonces. Y las víctimas, las de verdad. A las que luego por desgracia se han sumado otras casi setenta en la misma dichosa vía que nos juró que estaba completamente renovada

No. No todos son iguales. Hablo de los representantes políticos en España. Y vale para todos. No son iguales. Tras el terrible accidente de Urda en el que los trenes han vuelto a dejar un reguero inasumible de muertos en las vías españolas, pidieron contención. Ministros, militantes, simpatizantes y voceros que se dicen periodistas pidieron respeto. No politizar a las víctimas. No meter a los muertos en campaña. La superioridad moral de quienes no pierden oportunidad de hacer campaña con cadáveres pedían mesura y duelo. Y hubo quien se lo creyó, pero lo que suplicaban en realidad era tiempo.

El tiempo suficiente como para construir un relato que en campaña es más importante que cualquier mitin y cualquier nombre en una papeleta. Tiempo para pergeñar la estrategia. Tiempo para asumir la factura y moldearla en la medida de las posibilidades que tenían, escasas a todas luces.

El miércoles se dieron los primeros pasos. Como habitualmente, desde Moncloa, vía declaración institucional y marcando agenda a primera hora. Puente ya estaba dimitido y el presidente lo llamó en un intento de humanizar al personaje para terminar diciendo que no, que no todos son iguales. Claro que no lo son. Evidentemente no lo son.

Luego los ministros, los periodistas y los bots digitales y profesionales de la tertulia siguieron el reguero del argumento. No todos son iguales. Hablaron de dignidad política, de altura de miras, de asumir la responsabilidad y hasta de asimetría a la hora de dimitir cuando uno se enfrenta a una catástrofe. A Miguel Arias Cañete casi lo cuelgan por acompañar a los toros al Rey Juan Carlos, como le pidió Presidencia, mientras en España se desataba una oleada de incendios. Mariano Fernández Bermejo dimitió tras irse de cacería con Baltasar Garzón cuando Zapatero Gobernaba y Ana Mato, junto al consejero de Sanidad madrileño de entonces, tomaron el mismo camino dos meses después de la crisis del ébola que costó la vida a un perro.

Para Óscar Puente no ha habido manifestaciones ni disturbios como sí provocó el sacrificio del pobre animal. Óscar Puente tenía la pelota botando cuando llegó, con Ábalos defenestrado y el ministerio convertido en una agencia de colocación de corruptos y amiguitas. Tenía todo para vender una limpia necesaria, una renovación exigible tras años de desmanes. Tenía la oportunidad de vender que hacía falta tiempo para arreglar todo el desaguisado, para conseguir que los trenes volvieran a llegar a tiempo y dejaran de dar brincos cuando iban a doscientos kilómetros por hora como venían alertando los maquinistas.

Incluso tuvo la oportunidad, él y su gobierno, de exigir a la oposición aprobar presupuestos generales del Estado para ajustar esa inversión y acometer reformas tras la entrada, por si era poco, de dos nuevas compañías a competir en la alta velocidad. Claro, si ni siquiera los redactas y anuncias más inversión, cuesta aprobar unas cuentas públicas. Pero en lugar de eso, Puente repartió chapitas para presumir de que los AVE circularían a trescientos cincuenta por hora, dijo que el tren vivía el mejor momento de su historia y se preocupó más por bloquear e insultar en twitter a quien lo cuestionaba. Se preocupó más por llamar «puto amo» al jefe y resentido al crítico. Se preocupó más por bailar que por arreglar y más por hablar que por decir la verdad.

Por eso tras horas de explicaciones sobre Adamuz lo único que quedan son las mentiras de entonces. Y las víctimas, las de verdad. A las que luego por desgracia se han sumado otras casi setenta en la misma dichosa vía que nos juró que estaba completamente renovada (sic) para luego explicar que en términos ferroviarios completamente renovado no quiere decir eso exactamente. Por no hablar de las informaciones en El Debate de Alejandro Entrambasaguas en las que se pone de manifiesto el gusto por ciertas fiestas del ya ex ministro patrocinadas por un gigante de la patata en España. Y todavía pretenden algunos que veamos a Óscar Puente como una víctima. Y hablan de dignidad política. Y nos dicen que no todos son iguales. No, claro que no. Claro que no todos son iguales. Ni por asomo.

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