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Cartas al director

No es país para iconoclastas

No es país para iconoclastas. Tampoco lo es para ideólogos de la trascendencia. Para ambos España es sinónimo de decepción. Porque quienes sacan a la calle imágenes y pasos no son los clérigos y las monjas sino un pueblo lleno de fervor. No hay dogmatismo posible. No hay trampa ni cartón. Dogmático es lo que domina por imposición de unos pocos y que muchos asumen porque sí, porque toca. ¡Curiosa ironía! Porque la religión -hoy más que nunca- ni toca por ser «desactual», ni domina por imposición.

Y… ¿renace la esperanza? ¿la resistencia íntima de cada compatriota? Porque eso es precisamente la resistencia. Una forma de esperanza. Un modo de oponerse a la actualidad, a la que toca porque sí. Y es resistencia, no porque sea reaccionaria sino porque planta cara a las fuerzas dogmáticas. Pero lo hace sin violencia, desde dentro y por aclamación popular. Porque resistir es una forma de existir. Y esto es precisamente lo que desconcierta a los maestros de la suspicacia.

Salvo que la cultura, especialmente la de los iconos, sea eso. El último bastión capaz de dar sentido al hombre. De hacerlo más hombre. De abrirlo hacia una experiencia no solo actual sino también espiritual.

Iñigo Zaldívar Vericat

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