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Cartas al director

Portugal y España

Hace sólo dos años, los socialistas gobernaban en Portugal con mayoría absoluta. Por un tema de presunta corrupción en sus alrededores políticos, dimitía su líder, Antonio Costa, dando paso al centro-derecha de Luis Montenegro, tras las oportunas elecciones. Por un tema económico familiar poco claro, también dimitía este último, celebrándose nuevos comicios el domingo pasado. El resultado ha mostrado un vuelco de orden telúrico. Victoria con más margen que hace un año de Montenegro y hundimiento socialista, manteniendo el segundo puesto en votos a muy duras penas respecto de Chega —la derecha sin matices en Portugal— de André Ventura. El batacazo socialista ha sido tal que su líder, Pedro Nuno Santos, ya es historia.

Todos sabemos que Portugal no es España. Y que a este lado de la raya estamos más consolidados en la democracia. Aquí no tenemos que adelantar elecciones, y mucho menos por temas de corrupción. Primero, porque las elecciones las carga el diablo, y segundo porque España está impoluta de ella. Al menos, la que maneja la propaganda oficial con el dinero de todos, porque la otra, la de enfrente, esa sí que es corrupta hasta las cejas. ¡Y qué es eso de preguntar al pueblo tres veces en tres años! Al pueblo se le mantiene al margen y se le adocena, está en los manuales. Recordemos aquello de «todo para el pueblo, pero sin el pueblo» del Despotismo Ilustrado del XVIII, pero ahora con dos matices importantes. No se gobierna para el pueblo, más bien se le olvida; y de ilustración, conjunto vacío. ¡Ay Portugal, porqué te quiero tanto!

Jacinto Romero Peña

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