Cartas al director
Sobre la fiscalidad de las empresas
Hace poco estuve en Ticino, el cantón suizo de habla italiana, y me sorprendió saber que, con solo 7.000 habitantes, un pueblo tiene registradas más de 30.000 empresas. La razón es simple: allí el impuesto de sociedades ronda el 7 %, muy inferior al 25 % español. Muchos negocios, aunque no tengan actividad real en Ticino, establecen allí su sede para pagar menos impuestos. No es ilegal, sino competencia fiscal.
Mientras tanto, en España, seguimos discutiendo si subir o bajar impuestos. Y aunque mantener servicios públicos es esencial, no podemos ignorar que la fiscalidad importa. Subir tributos no siempre equivale a recaudar más, sobre todo en un mundo donde las empresas pueden moverse con facilidad.
Madrid lo ha entendido: ha decidido mantener impuestos más bajos y bonificar tributos como Sucesiones o Patrimonio. Gracias a ello, ha atraído empresas y talento, mientras otras comunidades pierden dinamismo con cargas fiscales más altas. No se trata de ser un paraíso fiscal como Ticino, pero sí de evitar que la presión impositiva ahogue a quienes crean riqueza y empleo.
España necesita recaudar, sí. Pero también necesita mantener su competitividad y su base empresarial. Ticino nos recuerda que, en materia fiscal, los territorios compiten, y que bajar impuestos de forma responsable puede generar más actividad económica y, a la larga, más ingresos públicos.
Moraleja: mejor parecerse a Madrid, que apuesta por una fiscalidad moderada y por atraer inversión, que caer en la tentación de subir impuestos sin medir las consecuencias. Si queremos sostener el Estado del bienestar, necesitamos empresas que facturen aquí y ciudadanos que no huyan de la carga fiscal.