Cartas al director
Diálogo entre el Principito y el hombre actual
Si el Principito regresase a nuestro planeta, podría sostener con el hombre actual este diálogo:
-¿Cómo es que ya no sabes esperar? (el Principito).
-Vino el automatismo y lo invadió todo. Aprieto un botón y llegan las cosas sin más (el hombre actual).
-Has olvidado lo que me contó el zorro: la espera contiene la alegría del encuentro futuro con el amigo. Todo lo humano reclama tiempo, desarrollo.
-Es que tengo una prisa inaguantable y mis deseos se abalanzan sobre la realidad.
-Pues, sin paciencia, no crece nada fecundo en las personas. La verdad, lo justo, la paz, la libertad, la belleza, la unidad o el amor, requieren siempre maduración, como el vino. Deben cultivarse, con perseverancia, en el corazón del hombre y de las relaciones. Yo riego y cuido, día tras día, mi rosa.
-En cambio, yo he perdido todo eso entre tantos objetos, imágenes y datos fulgurantes. Soy un esclavo de la inmediatez, de la premura. Miro el mundo, mi propia patria y situación, y me horrorizo; quiero que cambien de golpe y, como no lo hacen, me hundo en la amargura.
-Quizás reencuentres esos valores si los buscas con una brújula: la de la esperanza.
-¿Cómo puedo comprarla?
-La esperanza, comenzando por la más honda, como enseñó Péguy, siempre es un don gratuito.
-Pues regálamelo…
-No es mía. Mejor cierra tus ojos y pantallas por un instante y, con una oración serena, pídesela a su dueño, a Dios.