Cartas al director
Meditando, que es gerundio
La gilipollez y la ignorancia son directamente proporcionales en todo el mundo; lo verdaderamente diferencial de España es que, aquí, a menudo, la equiparación se lleva a gala.
Quienes no comprenden por qué en España hay más perros que niños es porque, inexplicablemente, aún piensan que la lealtad es también una cualidad humana.
Si airear las miserias propias y ajenas por dinero es la base de la prensa del corazón, la nuestra es una sociedad de cardiopatías crónicas.
Todo español debería ser creyente: solo la Providencia puede explicar la pervivencia de España.
Aunque a su pesar, apenas hay españoles más castizos que Puigdemont: encarna como pocos la acendrada tradición picaresca, disgregadora y extractiva española.
La conciencia es como los picores; no deberíamos, pero nos rascamos para olvidarlos, y siempre vuelven.
Es una pena lo de Eurovisión, pero siempre nos quedará la posibilidad de recuperar el Festival de la OTI y cantar a los cuatro vientos en Caracas:
España camisa roja de mi esperanza,
Aquí me tienes, la ceja manda.
Mentirte tanto me cuesta nada.
Nos haces siempre a tu imagen y semejanza:
Lo malo y progre que hay en tu estampa
De peregrina a algún lodazal.