Cartas al director
Víctimas y bienestar
Vienen y van a seguir viniendo, ya sea por las lastimosas y lastimeras condiciones en las que malviven en sus países de origen, ya por los «reclamos» del efecto llamada que prodigan las ayudas sociales de Europa Occidental. La inmigración no va a cesar y los «estados» del bienestar y del malestar requerirán de un metódico reajuste que amortigüe las hipotéticas «colisiones» que puedan desencadenarse entre uno y otro, como las ocurridas hace unas semanas en Torre Pacheco o la del barrio madrileño de Hortaleza y sin -obviamente- «silenciar» la criminalidad de conductas delictivas por muy de fechorías que se las quiera pintar, como el proxenetismo de menores blancas por paquistaníes que ahora -cuando datan sus inicios de 1997- se están destapando en el Reino Unido o las violaciones en la Alemania de Merkel tras acoger a un millón de sirios hace una década.
A las conocidas causas que alimentan la primigenia inmigracion, se suma en los últimos años el nefasto efecto llamada, una opción que algunos emigrantes tan sólo fingiendo victimismos -harto difíciles de comprobar- logran sortear fronteras, y de ahí a recibir ayudas -con o sin trabajo- resta casi todo. En esta modalidad, los únicos beneficiados sin merecerlo son todos aquéllos que burlan el «buenismo» de los países que los acogen y se ríen de sus «miopías» y manos blandas, padeciendo las sociedades que sufragan «sus dispendios», en cambio, los calamitosos efectos que provocan.
No es de justicia que unas asistencias destinadas a ayudar a los que con ánimo de prosperar dejan su tierra y emigran a otra, entre otros, asimismo se destinen a manos de desaprensivos «enfundados en disfraces de víctimas», porque a quienes con este proceder sí victimizan son a quienes les toca vivir cerca de ellos, un malestar en aumento, sin atisbos de que nada ni nadie lo frene.