Cartas al director
Protesta marroquí
¿Qué queda de la protesta de la supuesta generación Z marroquí de hace unas semanas, la cual acaparó las portadas de nuestros telediarios? La alusión apaciguadora del Monarca con ocasión de la apertura del parlamentarismo cíclico anual ha funcionado. La segura instrucción real tendente a estudiar y atender las demandas de los estudiantes dará sus frutos. Está obligado a hacerlo en una sociedad que recoge un 40 por ciento de la población menor de 24 años. Inscrita en un país que crece al 4,6 por ciento. Inmersa en un desarrollismo espectacular. La redistribución presupuestaria esgrimida por los estudiantes, tendente a incrementar el porcentaje de educación y sanidad, y contra la corrupción, tiene una base certera en ese país en el que la imagen pública vale casi más que los logros alcanzados. Nunca cederán las protestas juveniles, en un sistema que se desenvuelve entre el autoritarismo y la incipiente democracia. Las mismas algaradas son indicio del despegue político y económico marroquí. Se alejan de las de las colas del pan, de efectos sociales más devastadores. Lo de hoy, queda lejos de la primavera árabe marroquí, que la propia Monarquía tuteló en su momento. Palacio casi aplaude está expresión de modernidad. Marruecos pugna por forjarse un espacio regional sobresaliente y en el contexto internacional. Lo va logrando poco a poco al amparo de Estados Unidos. A la sombra de España y Francia, tan reparadora como desafiante. Marruecos, al igual que España, también está obligado a equilibrar.