Cartas al director
Doctrina de la Fe
Resulta raro e incluso extravagante que el cardenal Víctor «Tucho» Fernández siga al frente del dicasterio para la Doctrina de la Fe. Cuando muere un Papa todos los cargos de la curia quedan cesados automáticamente, era la ocasión ideal para haberle mandado de vuelta a su Buenos Aires querido.
Parece estrambótico que un eclesiástico que, en su momento, escribió y publicó en su libro La Pasión Mística afirmaciones o interpretaciones poco ortodoxas, como ciertamente lo es asociar orgasmos con éxtasis místicos o validar ideas relacionadas con los alumbrados del siglo XVI. Esto lo hace inadecuado para dirigir un dicasterio cuya misión es: «Promover y salvaguardar la doctrina sobre la fe y la moral en toda la Iglesia».
Este organismo de la curia no es puramente administrativo, sino que tiene una responsabilidad doctrinal central, por eso históricamente sus prefectos han sido teólogos de prestigio y ortodoxia probada, como lo fueron los cardenales Ratzinger, Ottaviani, Stickler, Levada, etc.
Estas excentricidades de la Santa Sede provocan estupor en los fieles, que puede derivar en escepticismo y en descreimiento. Y me parece que ya tuvimos bastantes originalidades con el anterior Pontífice.