Cartas al director
Que llegue la primavera
Leo en la prensa que estamos pasando por un «invierno demográfico». Los jóvenes cada vez tienen menos hijos y cada vez más tarde. Es una realidad. Ellos alegan que los salarios son bajos, que la vivienda está muy cara, que traer hijos al mundo es una responsabilidad muy grande que no se puede asumir, que si es más agradecido un perro, que si ahora necesitamos tiempo para nosotros. Y mil razones más que no hacen una buena.
Respeto profundamente la decisión de cada pareja a tener o no tener hijos. Sin embargo, creo que todas las razones que se esgrimen no son sino temores (infundados) a lo desconocido. Evidentemente, quien nunca ha tenido hijos, puede verse sobrepasado por la idea de responsabilidad que supone criar a unos niños que el día de mañana tendrán que ser personas como a nosotros nos gustaría: trabajadores, responsables, solidarios, respetuosos, íntegros y nobles.
La gente piensa que tener hijos es una carga económica, de responsabilidad, de espacio, de tiempo y de planes. Piensan que un hijo (o varios) van a restar calidad de vida a la pareja. Mi experiencia y la de la inmensa mayoría de los padres dice lo contrario. Los hijos no restan nada, sólo suman, dan, regalan, te cambian la vida, eso sí, pero para entrar en un mundo en el que jamás soñaste con tanta felicidad y del que nunca más vas a querer salir. Un mundo en el que ya no recuerdas, ni concibes, la vida sin ellos. Los hijos regalan vida, alegría, satisfacción, orgullo, cariño, paz, diversión, alguna que otra lágrima y una felicidad que llena nuestras almas, que no cambiaríamos por nada del mundo.
No hay salario, ni vivienda, ni mascota, ni viajes, ni planes, ni vivencias, ni carreras laborales que puedan compararse a tener un hijo.
Sin niños la sociedad envejece, entristece, se vuelve gris, sólo es invierno y los niños son la vida, la continuidad, la herencia, la alegría: el futuro.
Que termine este invierno y que empiece la primavera.