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Cartas al director

Fernando Ónega

Se ha muerto uno de mis periodistas preferidos, uno de los que influyeron un poco en que me dedicara a escribir «cartas al director» hace bastante tiempo, leía todos sus artículos, la susurrante voz de Fernando Ónega, que salía hacia afuera para envolvernos en un pálpito de emoción pura. En realidad, yo escuchaba el Estado de la Nación y Protagonistas cuando viajaba en coche, pensando que todos ellos estaban en el aparato de radio, cercanos a mí. Como decía Umbral, estuve oyendo crecer a mi hijo, que era la radio chiquita de mis padres, y sin darme cuenta, me hice mayor pegado siempre a aquel aparato que no dejaba ni a sol ni a sombra.

Con el tiempo descubrí la clave de su éxito que me dio otro grande del medio, Luis del Olmo. La radio es, a partes iguales, información y entretenimiento, y si no es capaz de alcanzar para tocarte el centro de tu corazón, entonces no vale nada. Y ese era Fernando. Corazón, voz, espíritu. La vida ha sido tan generosa conmigo que me permitió conocer después a tantos a los que admiraba. Fue dos veces director de Onda Cero, diría sin lugar a duda que esta emisora era Fernando Ónega. Sus valores, espíritu y concordia alimentaban el día a día, con la capacidad, sagacidad y empeño que él transmitía de forma inquebrantable. Con él siempre aprendimos y además éramos paisanos. Ónega fue la radio y el periodismo que salvaron al país del fatum irresistible al que parece abocado España. Protagonizó la Transición y la escribió él mismo de su puño y letra donde ahora otros se permiten trazar el germen de la división.

Del «puedo prometer y prometo» al «hay que elevar a la categoría política de normal lo que a nivel de calle es simplemente normal». Ahí estaba él, con su timidez, tras sus gafas finas, limpias y claras. Nos sorprendió su muerte en la tarde del martes. Pero está claro que tenemos el día guardado y no sabemos cuándo. El gran árbol frondoso de Luis del Olmo volvió a dar sombra al día siguiente gracias a Carlos Alsina y Carlos Herrera, que a duo protagonizaron unos minutos espléndidos de radio. Y comprobamos que lo eterno ni se inmuta, por la Casa de Galicia pasaron muchos compañeros y amigos, para despedirse de él, encabezados por S.M. la Reina Doña Letizia, gran amiga de su hija Sonsoles, y su familia al completo. Descanse en paz, maestro. España no le olvidará y podrá estar de nuevo junto a Adolfo Suarez.

Genaro Novo

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