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Cartas al director

Enel bus

Volvía a casa, como cada día, en el bus de la ciudad tras la jornada laboral. Vivía sola, después de varias relaciones que no funcionaron y que tampoco dejaron descendencia. Con el tiempo había aprendido a llevar una vida serena, sin dramatismos, apoyada en una pequeña red de amigas que compartían una situación parecida.

Durante la cena, ponía series y películas como evasión, buscando en los guapos actores una compañía a distancia. Ya no veía la relación de pareja como una meta ni entendía la felicidad en función de tener compañía. Los fines de semana eran su espacio de descanso y disfrute. Se arreglaba, no para gustar a nadie, sino para sentirse bien consigo misma.

Los años de la efervescencia sexual habían quedado atrás. Ahora valoraba otras cosas junto a sus amigas: comer juntas, ir de compras, al cine o al teatro, conversar y acompañarse. Esa era su familia elegida.

En ese bus de cada día veía a muchas mujeres como ella. Mujeres que, quizá por distintas circunstancias, habían aprendido a construir su vida desde otros vínculos. Y se preguntaba si también ellas contaban con esa pequeña familia que hace más llevadera la soledad.

Pedro Marín Usón

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