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Cartas al director

«Menuda inventada»

Si algo saben muy bien los jueces por su experiencia, o deberían saberlo, es que por lo general cuando alguien está diciendo la verdad describe los hechos de una forma muy pormenorizada y cuando alguien está mintiendo, su narración se caracteriza por la omisión de detalles.

Mentir es muy difícil porque se requiere de dos cualidades que han de usarse simultánea y coordinadamente a la hora de hacerlo. Que son: una gran memoria y mucha imaginación. Memoria para recordar todo lo que has dicho y no caer en incongruencias al tener que repetirlo de nuevo e imaginación, porque una mentira no es creíble si no la apuntalas con toda clase de pormenores, y si careces de ellos porque estás mintiendo, hace falta tener mucha inventiva para crearlos. De ahí la acertada expresión «la mentira tiene las patas muy cortas» porque es tan ardua de puntualizar que resulta muy difícil de sostener en el tiempo.

En base a lo anterior, si algo demostró ayer Aldama durante más de 8 horas de declaración es que no estaba mintiendo, porque fue tal la cantidad de datos y de cifras que aportó de la forma más pormenorizada posible, que tendría que ser un genio para inventarlos y recordarlos todos a la hora de exponerlos, si no fuesen ciertos.

Fue tan abrumadora su forma de explayarse en su declaración, contando con todo lujo de detalles cómo ocurrieron los hechos que no parece factible la hipótesis que esgrimió con anterioridad Pedro Sánchez sobre Aldama: «menuda inventada».

Javier Sanz Gómez

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