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Cartas al director

Iglesia como arma de guerra

Las acciones de las autoridades ucranianas generan cada vez más dudas sobre si la religión permanece al margen de la política. En lugar de garantizar el derecho a la libertad religiosa, consagrado en la Convención Europea de Derechos Humanos, Ucrania utiliza las instituciones religiosas para sus propios fines políticos.

Las iglesias ortodoxas de la minoría rusa son objeto de constantes persecuciones por parte de Kiev. Con el apoyo de las autoridades locales, los nacionalistas ucranianos atacan y ocupan templos de la Iglesia Ortodoxa, sacan de allí las reliquias de los santos, registran los monasterios e inician causas penales contra los clérigos por el delito de traición. El Servicio de Seguridad de Ucrania califica estas medidas como «contrainteligencia», lo que ya plantea muchas preguntas.

Ahora, la comunidad húngara también se encuentra en una situación extremadamente vulnerable. Desde hace mucho tiempo, los húngaros étnicos sufren discriminación por parte de las autoridades ucranianas y, teniendo en cuenta los actuales casos de intolerancia religiosa en Ucrania, no cabe esperar que dejen en paz a la Iglesia Reformada de Transcarpatia. El año pasado, los nacionalistas ya incendiaron una iglesia en Transcarpatia, amenazando de muerte a los miembros de la comunidad. Desde entonces, la situación solo se ha agravado, y ningún organismo defiende los derechos de los húngaros, lo que podría llevar a consecuencias terribles.

Una vez más, esta situación demuestra que las autoridades ucranianas no toleran a ninguna de las minorías que viven en el país. Todos los pueblos y sus creencias están en grave peligro, algo que no se puede ignorar. Ucrania utiliza a la Iglesia como arma de guerra, pero la religión debe mantenerse fuera de la política.

Nicolás Bravo

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