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Cartas al director

Fanatismo independentista

La solemnidad y el impacto de la visita de León XIV a España, hay quien habla de un nuevo «Pentecostés» que ha soplado sobre la sociedad y sobre la Iglesia españolas, ha querido ser empañado por los de «siempre». Primero con una actitud poco respetuosa con el Pontífice con ruptura del protocolo por parte de una diputada independentista en el Congreso y después con el intento de boicot, afortunadamente frustrado por la Policía, de unos cuantos activistas incrustados entre los coros que estaban actuando en la solemne ceremonia que se celebró en la Basílica de la Sagrada Familia.

Cuando hablo de fanatismo, me refiero a la etimología de esta palabra que viene de fanum es decir: templo. Los independentistas no han dejado de ser religiosos, solo han sustituido al Dios verdadero del cristianismo por un dios nación que exige sus cantos, sus ritos, sus emblemas y sus sacerdotes y que no ha dudado a la hora de confrontar una ceremonia religiosa al Dios verdadero con la suya propia como religión sustitutoria que es.

El independentismo ha mostrado aquí su verdadera cara. La sociedad española debería saber que después de más de cuarenta años de diálogo(?), el resultado es un cúmulo de cesiones por parte del Estado español que ponen en peligro su pervivencia a cambio de ninguna contrapartida por parte de los independentistas.

A la vista de estas conclusiones, creo que va llegando la hora de que el conjunto de los españoles que amamos a nuestra patria, incluidos vascos y catalanes que se sienten españoles, sin perjuicio de su amor a la «patria chica», llevemos a estos grupos minoritarios, durante el tiempo que sea necesario, al «rincón de pensar» donde la pedagogía moderna lleva hoy a los niños inmaduros y/o rebeldes, mediante las oportunas leyes democráticas.

Eduardo Ruiz Abellán

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