Cartas al director
La ejemplaridad de Rodríguez Zapatero
La tan esperada y lamentable declaración del expresidente Rodríguez Zapatero ante el magistrado de la Audiencia Nacional José Luis Calama no ha despejado las dudas ni, según el propio juez, «ha logrado desvirtuar los indicios de criminalidad» apreciados durante la instrucción. Como era previsible, la estrategia del imputado expresidente, el primero de la democracia en declarar como investigado, ha consistido en defender su inocencia y rechazar las acusaciones relativas a las presiones para el rescate de la aerolínea Plus Ultra, el uso de las sociedades fuera de España o de estructuras interpuestas, como las de sus hijas, para canalizar fondos.
Fiel a la imagen de afabilidad y cordialidad que le ha acompañado durante su trayectoria política, Rodríguez Zapatero ha querido transmitir un mensaje de «tranquilidad» y «confianza» a los suyos y a la sociedad en un intento de ganar credibilidad y aplacar las dudas, principalmente en su partido, sobre su inocencia. Es decir, en términos procesales ganar tiempo para la defensa. Todo lo contrario de lo que reclama su partido y el Gobierno. La imagen de las joyas y su valor desmonta el argumentario, el «faro moral» y ejemplaridad a la que recurría permanentemente el expresidente. La presunción de inocencia es irrenunciable, pero la exigencia de dar ejemplo en quienes han ocupado las más altas responsabilidades institucionales, también. Al Ejecutivo, asediado por los frentes judiciales, cualquier novedad se le revuelve como problema político que suele capear con anuncios, como los Presupuestos para 2027 destinados a contentar a los socios plurinacionales, y aparcar la responsabilidad ética de convocar unos comicios por el daño reputacional a las instituciones que está generando esta situación insólita con ataques a pilares de la justicia y la democracia.
Es cierto que las sospechas abren investigaciones y las pruebas, aún por demostrar, dictan sentencias. Pero también resulta evidente que la acumulación de escándalos, investigaciones y controversias ha contribuido a erosionar la confianza ciudadana y a proyectar la imagen de una legislatura agotada desde hace tiempo. Según dicen ellos, ser socialista es tener muy poco y estar dispuesto a dar mucho.