¿Alcalde Bolaños? Que Dios nos coja confesados
Esa es la cuestión: qué España nos está dejando este Gobierno para que veamos como algo factible que el más nefasto ministro de Justicia de la democracia, activo enterrador de Montesquieu, tenga alguna baza para que el presidente le postule a gobernar el primer Ayuntamiento de España
Parece que tenemos nuevo chico en la oficina de decesos del PSOE en Madrid. Resulta que Pedro está acariciando la idea de que Félix Bolaños encabece el cartel municipal madrileño al alimón con otro «figura» de la política: Óscar López. Sería el ticket perfecto: dos sanchistas pringados hasta los codos en la amnistía, los indultos, los pactos con Bildu y las prebendas para Oriol contándoles a los madrileños lo malos que son Ayuso y Almeida. No puede haber mayor fantasía. El puesto de alcaldable de la capital ha estado muy disputado desde que Sánchez asentó sus reales en Moncloa. No olvidemos que intentó que la abuelita de las magdalenas, Manuela, abandonara al «coletas» para que fuera candidata del PSOE en 2019. Claro, Carmena le dijo que antes se iba a Groenlandia en biquini. Luego, el presidente del Gobierno no hizo ascos a que su «alcaldable» fuera Jorge Javier Vázquez. Todo es entendible: estaba desesperado porque su apuesta más brillante fue colocar a su exentrenador de baloncesto, Pepu Hernández, y tras su fracaso, mandar de paracaidista a Reyes Maroto, la 'navajita plateá' de nuestras entretelas que no se acordaba de que conocía a Aldama hasta que le mostraron los mensajes cariñosos que se cruzó con él; el resultado ha sido que los socialistas municipales son hoy la tercera fuerza en el Consistorio, tras Más Madrid.
Esa es la cuestión: qué España nos está dejando este Gobierno para que veamos como algo factible que el más nefasto ministro de Justicia de la democracia, activo enterrador de Montesquieu, tenga alguna baza para que el presidente le postule a gobernar el primer Ayuntamiento de España, con tres millones largos de habitantes y 6.578 millones de euros de presupuesto, Villa y Corte de la nación. Es verdad que sus opciones de sentarse en el despacho de Almeida tras las elecciones de 2027 son las mismas que tendría yo de ser catedrática de Ciencias de la Computación por la universidad de Princeton. Pero de confirmarse el runrún, será un auténtico deleite escuchar a Félix explicar a los gatos de Madrid que el mejor pescado se lo van a quedar los separatistas de Cataluña. Y todo para que Pedro siga unos meses más calentando el colchón de Moncloa.
Él y López –al que el CIS de Tezanos solo le da un 53 % de notoriedad, lo que puede hacer inviable su candidatura regional– son lo mejor que le puede pasar al PP de la capital. Habría que ilustrarle al titular de Presidencia que ser afiliado de la agrupación socialista de Latina no es capital político suficiente para colarse en el acto de la Operación Campamento, con su jefe a la cabeza, para dejarse ver en una imaginaria precampaña electoral, que culminará en mayo de 2027. Su imagen, a la vera de Pedro y asociada al fracaso en la política de vivienda, está más quemada que la mano de Marisu tras ponerla en el fuego pertinazmente por Ábalos, Santos o Salazar. Los madrileños ya han dado suficientes muestras de que no compran las liebres de la izquierda: Trinidad Jiménez, Miguel Sebastián, Pepu Hernández, en la capital; y en la Comunidad, Cristina Almeida, Rafael Simancas, Luis García Montero, Pablo Iglesias... Un purgatorio repleto de cadáveres políticos que aguardan a los próximos elegidos por Sánchez y por los de Sumar y Podemos.
Bolaños, que sabe que su carrera está acabada, es el ministro bombero con más poder que las tres vicepresidentas juntas. Lo que pasa es que vestía más al «Gobierno feminista» nombrarlas a ellas que al que de verdad manda, con su tupé pretendidamente descuidado. En 2021 ganó a Iván Redondo y se hizo con los mandos en Moncloa a cambio de perder el último reducto de dignidad para defender a su jefe y las tropelías de su entorno. Lo mismo sirve para sacar a Franco del Valle de los Caídos que para hacer de chico de los recados entre Pedro y Carles, colarse en una fiesta de Ayuso y hacer un ridículo sideral o maniobrar para favorecer los negocios de Begoña Gómez en Palacio, aunque finalmente haya sido levantada su imputación. Es el escudo humano de su señor y la víctima más sonada del poder argumental de Cayetana Álvarez de Toledo que le deja hecho papilla cada vez que le cuestiona en el Congreso.
Un poco de política-ficción: Félix polemizando con Almeida en un debate en las municipales sobre lo mala que es la derecha y el actual alcalde mostrándole la imagen difícil de olvidar de su genuflexión –que puso a prueba a su sufrido fisioterapeuta– ante la proetarra Mertxe Aizpurúa, la que se reía desde Egin del asesinato de Miguel Ángel Blanco, y contribuía a señalar a potenciales víctimas. Que vaya enmarcando el regidor del PP esa foto. Igual en la tienda le hacen precio si Azcón lleva la de Pilar Alegría comiendo con Salazar, o la de Montero claudicando ante Junqueras, o la de Chivite de farra con Santos Cerdán, o la de Morant de cañas con Ábalos cuando era su número dos en Valencia. El Palacio de Cibeles va a ser un mausoleo muy divertido.