23 de mayo de 2022

En primera líneaLuis Peral

Los búnkeres de Escrivá

Lo que ha fallado son los máximos responsables, con la incapacidad del Ministerio (y del Gobierno del que forma parte) de adaptarse a un tiempo distinto y la decisión de convertir la Seguridad Social en una cadena de búnkeres Escrivá inaccesibles a los ciudadanos

Tras la Primera Guerra Mundial –en la que 1.300.000 soldados franceses murieron o desaparecieron (16 por ciento de los movilizados) y  1.100.000 quedaron con invalidez permanente superior al diez por ciento– Francia, consciente de su debilidad demográfica frente a Alemania, adoptó una estrategia defensiva. Ésta se basó en el concepto de defensa de la frontera anclada en el terreno, algo que se revelaría obsoleto en 1939 ante la guerra relámpago y la utilización por los alemanes de la aviación como artillería contra las unidades terrestres. Un elemento esencial de esa estrategia defensiva fue la construcción a partir de 1930 de la Línea Maginot, desde el sur de Luxemburgo hasta la frontera suiza. Las divisiones acorazadas alemanas penetraron por las Ardenas (lo que el mando francés consideraba imposible) y, llegando en diez días al Canal de la Mancha, dividieron en dos al Ejército francés y acorralaron a la Fuerza Expedicionaria Británica. Treinta días después Francia pidió el armisticio y los regimientos de fortaleza que guarnecían la Línea Maginot se vieron obligados a rendirse. De nada sirvieron los inmensos recursos económicos enterrados en la construcción de aquella y los contingentes humanos inmovilizados en la misma.
La Seguridad Social era uno de los servicios públicos que mejor funcionaba en España. Con el apoyo de un sistema informático muy desarrollado, las oficinas de la Seguridad Social atendían presencialmente a los ciudadanos sin cita previa y con razonable eficiencia.
La pandemia de la covid china afectó indudablemente a todos los servicios públicos. Pero, frente a algunos que siguieron prestando un buen servicio a las personas como Correos, otros como la Seguridad Social cayeron en picado, al optar por construir una nueva Línea Maginot, la Línea Sánchez. De repente, los ciudadanos descubrieron que tramitar sus gestiones sobre pensiones o sobre sus cotizaciones a la Seguridad Social se había convertido en una pesadilla. Teléfonos inaccesibles a muchas horas del día y una página web de la Seguridad Social que sólo permite conseguir cita previa para pensiones y que no prevé el acceso presencial del ciudadano normal a las afiliaciones gestionadas por la Tesorería General de la Seguridad Social. Incluso ha habido momentos en que ni una sola agencia de la Seguridad Social en Madrid capital concedía citas previas y había que desplazarse a otras localidades.
ilustración bunkers seguridad social

Lu Tolstova

Se pueden alegar varias razones para justificar este desastre: la reducción del personal (con jubilaciones no cubiertas) y el impacto del Ingreso Mínimo Vital, con una lamentable gestión durante muchos meses (en diciembre de 2020 sólo se había concedido el 15 por ciento de las solicitudes válidas presentadas por personas muy desfavorecidas y vulnerables).
Al final, como en la Línea Maginot, lo que ha fallado son los máximos responsables, con la incapacidad del Ministerio (y del Gobierno del que forma parte) de adaptarse a un tiempo distinto y la decisión de convertir la Seguridad Social en una cadena de búnkeres Escrivá inaccesibles a los ciudadanos. Algo especialmente perjudicial para muchas personas desfavorecidas, con una situación económica muy precaria y con unos recursos informáticos (móviles modernos, acceso a internet, escáneres, impresoras…) muy limitados o inexistentes.
La Seguridad Social es algo muy importante en España para millones de personas y ha sido gravemente deteriorada por el Gobierno de Pedro Sánchez, que ha optado por dedicar recursos a otras políticas más influidas por la ideología o exigidas por sus socios separatistas.
Como ocurrió con la Línea Maginot, los búnkeres de Escrivá pasarán a la historia como una opción fallida y que perjudicó a muchas personas. Un día se acabará el Gobierno de Sánchez y los búnkeres de Escrivá abrirán sus puertas. Los funcionarios no saldrán con los brazos en alto como los soldados franceses en 1940, sino que acogerán de nuevo y sin demoras a los ciudadanos. La pesadilla habrá terminado.
  • Luis Peral Guerra es doctor en Historia y exconsejero de Trabajo de la Comunidad de Madrid
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