07 de diciembre de 2022

En primera líneaEugenio Nasarre

El centroderecha y Europa

El centroderecha español no debe tirar por la borda este legado. Ha de seguir luchando con convicción por esta idea de la Europa integrada, baluarte de las libertades, de la democracia y de la reconciliación de los pueblos europeos

El europeísmo forma parte del ADN del centroderecha español desde el mismo inicio de la Transición. Llamo europeísmo a la convicción de que la integración europea, entendida en el objetivo y camino trazados por Robert Schuman y demás «padres fundadores», es el más fecundo proyecto para garantizar la paz, las libertades y la prosperidad de los pueblos del continente; de que España, una vez recobrada la democracia, debe ser un socio activo y leal en la construcción de la Europa Unida; de que el destino de España ha de estar indisolublemente unido a la Unión Europea; es más, que la integración europea y la democracia de la Constitución de 1978 forman parte de un mismo proyecto histórico.
La UCD convirtió la integración de España en las Comunidades Europeas en la prioridad de su política exterior. La primera decisión del Gobierno de Suárez tras las elecciones del 15 de junio de 1977 fue solicitar la apertura de negociaciones encaminadas a la incorporación de España a la Unión Europea. Marcelino Oreja y Leopoldo Calvo-Sotelo condujeron las negociaciones. La Alianza Popular de Manuel Fraga apoyó esta decisión histórica. Formaba parte esencial del consenso de la Transición. Y sabíamos bien todos lo que significaba esta decisión: caminar hacia una «unión cada vez más estrecha entre los pueblos de Europa», compartir elementos substanciales de la soberanía, superando la vieja concepción de Bodino de su «indivisibilidad», asentar el edificio europeo en un sistema demoliberal común. Creíamos todos que España fuera de la Europa Unida sería una realidad extravagante, marginada de las grandes decisiones, fuera de lo que se necesitaba para estar a la altura de nuestro tiempo histórico.
Los Gobiernos socialistas de Felipe González completaron la negociación y España entró en las Comunidades en 1985. Desde entonces el centroderecha español, cuya expresión política ha sido desde entonces el Partido Popular, ha sido fiel a su compromiso por una Unión Europea más fuerte y más integrada. Fue el Gobierno de Aznar el que logró que España fuera uno de los países fundadores del euro, el avance más importante en el camino de una mayor federalización de la Unión Europea. Políticos como Abel Matutes, Loyola del Palacio, Marcelino Oreja, Miguel Arias Cañete o José María Gil-Robles han desempeñado relevantes responsabilidades en las instituciones de la Unión. A la elaboración de la Constitución non nata, convertida en el Tratado de Lisboa de 2007, el centroderecha español contribuyó de manera substancial. Baste citar los nombres de Íñigo Méndez de Vigo, Ana de Palacio o Gabriel Cisneros, quien en el Congreso de los Diputados calificó a la Unión Europea como «el confín más privilegiado de la libertad». Esa apuesta nítida, continuada, fundamentada y sin fisuras del centroderecha español en pro del ideal de la Europa Unida ha sido hasta ahora un activo con tangibles beneficios para España, que nos ha permitido estar en el corazón del proyecto europeo.
La irrupción de Vox en la escena política como expresión de un sector de la derecha española ha modificado substancialmente esta situación. Vox mantiene una visión de la Unión Europea tan diametralmente diferente, que le aleja irremediablemente del europeísmo asumido por el centroderecha español.
Ilustración: Union Europea España

Paula Andrade

Esbozaré cuatro rasgos de esta visión. En primer lugar, su reivindicación de las soberanías nacionales y de la primacía de las constituciones nacionales sobre el derecho de la Unión Europea, lo que es tanto como dinamitar la esencia del proyecto de integración europea; porque compartir soberanía es la clave de la Europa Unida. En segundo lugar, la pretensión de limitar al máximo los poderes de la Unión, reduciendo su función a las llamadas «competencias exclusivas» de los Tratados; mas, sin «competencias compartidas» la Unión Europea se debilitaría de tal manera que dejaría prácticamente de existir. En tercer lugar, la crítica a los «poderes ocultos» de Bruselas y a su burocracia, en la estela del rancio populismo de Boris Johnson, que es una burda deformación de la realidad. Y, en cuarto lugar, su alineamiento, con voluntad de constituir una «alianza estratégica», con las fuerzas políticas de otros países, que se caracterizan por socavar el funcionamiento de la Unión.
Hay un diagnóstico equivocado que sustenta el planteamiento de fondo de este antieuropeísmo de Vox y de sus aliados. Es la creencia de que los contravalores que se están imponiendo en amplias capas de la sociedad europea están alentados, si no promovidos, por los poderes de las instituciones de la Unión Europa. No, los males que afligen a la sociedad europea nacen de la misma sociedad y es en ella donde hay que combatirlos con tenacidad e inteligencia. La solución del «repliegue nacional» es miope y simplista: las ideas, más que nunca, no tienen fronteras. La Unión Europea, en cuanto tal, no es culpable de derivas indeseables, a las que hay que buscar causas más profundas.
Esta escisión de «las derechas» en España en un asunto tan capital y decisivo es una realidad dramática. Porque la visión sobre Europa es hoy el núcleo de cualquier proyecto político. De ninguna manera es un tema secundario. Determina nuestra visión del mundo, de la democracia, de las libertades, del modelo económico, así como la estrategia de las alianzas.
Marcelino Oreja (Yuste, 2019) nos decía con claridad: «La solución de nuestros principales problemas no pasa por la negativa a compartir decisiones con nuestros socios, sino por una Unión Europea con iniciativa política y relevancia dentro y fuera de las fronteras. Hoy necesitamos más que nunca una Europa unida». El centroderecha español no debe tirar por la borda este legado. Ha de seguir luchando con convicción por esta idea de la Europa integrada, baluarte de las libertades, de la democracia y de la reconciliación de los pueblos europeos.
  • Eugenio Nasarre fue secretario general de Educación y Formación Profesional
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