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En Primera LíneaJavier Junceda

Biografía de la libertad

El sistema económico del que se sirven los burgueses en esos momentos embrionarios constituirá la epifanía no solo de la futura expansión del capitalismo, sino también de algunas amenazas a la propia libertad humana experimentadas después, siendo ese el objetivo de este colosal estudio

Anda empeñado Benigno Pendás en abordar una Historia de Occidente con la mirada puesta en la libertad individual. Llama a su ambicioso proyecto como el título de esta columna, personalizando al valor que merece su atención. A la vista de los dos primeros volúmenes de su monumental iniciativa, sin embargo, no parece que el propósito esté siendo solo «biográfico»: su recorrido se extiende mucho más allá de una mera semblanza o crónica de lo que atañe a la libertad en el Renacimiento o el Barroco.

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El Debate (asistido por IA)

Pendás profundiza en ambos períodos con maestría y completo conocimiento de causa. Y lo hace dejando el rastro de infinitas lecturas de autores de referencia, que se ocupa de desentrañar y en ocasiones de rebatir. No estamos ante unos simples manuales para las pobres víctimas de la Logse, sino ante soberbios ensayos insusceptibles de ser llevados a esos tutoriales para lerdos que hoy tanto se estilan.

Hasta en el claroscuro contradictorio que el Barroco supuso –con un absolutismo extendido por Europa conviviendo con un incipiente mercantilismo y el poderoso impacto de la ciencia–, logra descubrir el autor la huella de la libertad. Se sirve para ello de figuras señeras de la época, desde Cervantes a Shakespeare, pasando por Velázquez o Bach. Y deteniéndose en las formas políticas de aquel tiempo, cimentadas en torno al orden surgido tras Westfalia. Nadie podría sospechar antes de leer esta obra que pudieran extraerse del Seiscientos tantos argumentos vinculados a la libertad. Un hallazgo solo al alcance de intelectuales del relieve del gran historiador y jurista asturiano.

Aunque ya advierte Pendás que no hay cortes en la Historia y que el Barroco hereda del Renacimiento la condición de la libertad aún a título de posibilidad, es lo cierto que en ese tiempo es cuando la burguesía comienza a fraguar una posición de liderazgo que se afianzará luego con la Ilustración, etapa objeto de la siguiente entrega del ilustre politólogo. El sistema económico del que se sirven los burgueses en esos momentos embrionarios constituirá la epifanía no solo de la futura expansión del capitalismo, sino también de algunas amenazas a la propia libertad humana experimentadas después, siendo precisamente ese el objetivo de este colosal estudio.

De aquellos polvos algunos lodos padecemos en la actualidad, en forma de modernas esclavitudes que se padecen en sociedades presididas por el liberalismo de tintes extremados e incluso moderados. Aunque no se haya alumbrado un modelo ideal socioeconómico que conjure todos los males, lo que nos han enseñado las precedentes centurias es que tan nefasta es la radicalidad librecambista como la intervencionista. Ni que decir tiene que la libertad económica, junto con el florecimiento de las políticas democráticas, suele aumentar la prosperidad en los pueblos, pero también en ocasiones las estrecheces. Y es notorio que el intervencionismo puro hace desaparecer por completo al hombre libre, encerrándolo en desoladoras penurias igualitarias.

Como se habrá de ver en las próximas entregas de este colosal afán académico, cuando la doctrina liberal se opone a la política social, reprochándole el sometimiento del sistema económico a reglas decentes del mercado de trabajo, se torna de inmediato en antiliberal, ya que toda economía libre debe saber encontrar el engranaje natural entre libertad económica y responsabilidad social.

Esto ya lo manifestó de forma insuperable uno de los grandes economistas españoles contemporáneos, Valentín Andrés Álvarez: «los daños sociales ocasionados por el irresponsable liberalismo económico clásico promovieron su ruina». De ahí que, para él, exista «un ancho campo para que el liberalismo verdadero realice la gran tarea de promover aquellas iniciativas que funcionen libremente por sí mismas, por su propio y autónomo impulso, solo intervenidas cuando ocasionen daños sociales, contraríen los fines que han de cumplir o cuando la libertad se ejercite disociada de su compañera, la responsabilidad».

De esto seguro que nos ilustrará con su reconocida autoridad Benigno Pendás en los cuatro volúmenes que le restan de su colosal empresa editorial, que habrán de ocuparse del Siglo de las Luces, del Romanticismo, la Modernidad y la Posmodernidad. Y, como siempre, poniendo el foco en los elementos culturales que han determinado el sentido de la libertad bajo el imperio de la ley, que es la más genuina forma de vida humana que existe.

Javier Junceda es jurista y escritor

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