07 de diciembre de 2022

tribunaJosé Vicente Marí Bosó

Una política económica confiable

El principal obstáculo hoy, en mi opinión, para el mejor progreso y bienestar de los españoles es un Gobierno que no es creíble y una política económica que no funciona

El Gobierno no es creíble. Nadie se cree que, según el Gobierno, no nos afectará la crisis porque dependemos poco de Putin y resulte que somos de los más afectados en precios energéticos e impacto en inflación. Nadie se cree que, según el Gobierno, seamos los mejores y resulte que somos los que adoptamos las medidas más draconianas de ahorro energético de toda Europa. Nadie se cree las previsiones económicas del Gobierno porque lleva cuatro años sin acertar ni una y por eso el crecimiento lánguido y la próxima recesión. Y nadie se cree, en fin, que la política económica del Gobierno funcione, por eso la retracción en el consumo de los hogares, las paradas productivas en nuestras industrias que afectan a los empleos y la falta de confianza en nuestra economía.
Si la política económica del Gobierno funcionara, no habríamos sido los peores en la pandemia, no estaríamos siendo los peores en la recuperación, ni hoy seríamos de los que más padecemos la crisis energética. Esto resulta tan obvio que produce sonrojo tener que recordarlo frente a la propaganda gubernamental.
En la propaganda del Gobierno, la inflación no se come los salarios de los españoles, sino que es transitoria y bajará paulatinamente este ejercicio. En la propaganda de Sánchez ya no existe la precariedad en el empleo ni existen los contratos por horas, el maquillaje de la reforma laboral ha acabado con todo eso. Y en la propaganda de Sánchez la autonomía financiera de las comunidades autónomas es una grave afrenta, seguramente porque acredita que hay otra manera de salir de esta crisis, más solvente, más confiable.
Hemos venido destacando desde el inicio que la peor manera de enfrentar, primero la pandemia y después la crisis económica que le ha seguido y que ahora se ha agravado, era no reconocer la realidad. Sin un diagnóstico acertado de la realidad del país, desprovisto de apriorismos, es imposible articular las mejores soluciones.
Ya en la pandemia dijimos que había que hacer políticas de protección de rentas (vale decir que tanto los ERTE como las prestaciones por cese de actividad de autónomos funcionaron razonablemente bien) y al tiempo políticas de estímulo de la actividad y aquellas otras que respaldadas por los fondos Next Generation nos permitieran corregir desequilibrios de nuestra economía para transformarla y mejorar. Hoy hemos de seguir haciendo políticas de rentas frente a la inflación (pacto de rentas y protección de los salarios de las familias) y política económica que corrija nuestros desequilibrios. En esto hemos de esforzarnos.
El Gobierno Sánchez, en cambio, no hace lo primero y en lo segundo ha empeorado todos nuestros desequilibrios. Ha incrementado prácticamente en 300.000 millones nuestra deuda pública. Las mayores rigideces de la reforma laboral empiezan a demostrar que todo fue maquillaje y propician mayor economía sumergida, cuando el mayor desempleo, la peor calidad de los empleos que creamos y la lucha contra la economía sumergida deberían ser una de las prioridades de la política económica de España. Las mayores trabas y burocracia impuestas a nuestras empresas vienen a desalentar su crecimiento en tamaño, se ha aprobado una ley que, pese a su título, en nada favorece el crecimiento empresarial y en cambio esta también debería ser una prioridad. Empeoramos nuestros desequilibrios y los fondos europeos no se emplean en su corrección, sino que directamente se emplean para el clientelismo con toda la burocracia del mundo y sin ninguna intención de que la iniciativa privada sea protagonista de la transformación cuando lo haría mucho mejor.
El presidente Núñez Feijóo y el Partido Popular en esta situación, y también en la perspectiva de inicio de la tramitación presupuestaria, hemos venido haciendo dos cosas fundamentalmente: ser honestos con los españoles, no edulcorar la realidad explicando sus distintas consecuencias y, al tiempo, presentar propuestas de solución y mejora.
Muchas de las propuestas presentadas primero han sido desacreditadas por el Gobierno para a continuación –meses después– adoptarlas. Otras aún no se quieren implementar y, sin embargo, son más urgentes que nunca. Me refiero a la deflactación del IRPF para devolver a los españoles parte de lo que les toca ingresar por mor de la inflación y los descuentos en las facturas de los suministros de luz y gas vinculados a los ahorros de energía porque, al tiempo que ayudamos a los españoles a salir de esta, hemos de presionar a la baja los precios energéticos para que baje la inflación.
El Gobierno no es creíble, ni sirve en esta situación, pero hay una alternativa mejor. Una alternativa que no desconoce las dificultades, una alternativa seria y solvente que atiende las necesidades de todos. Aspiramos a ser esa alternativa que recoge los anhelos de la gran mayoría de los españoles sabiendo que lo que requiere hoy la realidad del país es, antes que nada, una política económica confiable.
  • José Vicente Marí Bosó es portavoz de Presupuestos del Grupo Popular en el Senado
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