Que se quemen otros, que a España ya la incendio yo
Existe una estrategia deliberada de tomar las calles tocando los nervios de la sociedad española para remover el tablero político, retomar el control de la agenda política, cohesionar a las bases, recomponer el espacio político a la izquierda del PSOE
Tenemos un Gobierno sin corazón, coincidencia ni alma, irresponsable, antisistema, sibilino y peligroso, con el cálculo electoral por encima del sufrimiento de los ciudadanos y de la estabilidad y la imagen de España.
Desde el búnker de Moncloa se diseñan estrategias para cumplimentar la inexistencia de parámetros éticos y morales que blindan la irresponsabilidad, falta de empatía y egoísmo que anidan en la mente de Sánchez con el único propósito de resistir, algunas de ellas hace meses que se vienen desarrollando. Sobre la mesa la herencia de Zapatero de generar división, conflicto, enfrentamiento, polarización y agitación, así como la especialidad de Diego Rubio, utilizar la mentira como herramienta política y traer al presente, a modo de estrategia, lo ocurrido en el pasado para generar acción política.
Existe una estrategia deliberada de tomar las calles tocando los nervios de la sociedad española para remover el tablero político, retomar el control de la agenda política, cohesionar a las bases, recomponer el espacio político a la izquierda del PSOE compuesto por la extrema izquierda y el populismo alentando a Vox para debilitar al Partido Popular a costa de una unidad, la igualdad y la seguridad de los españoles desde el Gobierno de España sentando unos precedentes y una inercia en extremo peligrosa.
Sánchez se ha convertido en el principal agitador e instigador del conflicto, propiciando la cancelación de la Vuelta Ciclista a España. Todo esto se urdió en agosto y tenía que culminarse en Madrid porque «lo del novio de Ayuso» no les está saliendo bien, la agenda judicial les asfixia y Madrid es para ellos un «emblema de la resistencia antifascista», baste recordar que los manifestantes gritaban «no pasarán». Alguien reconocerá, como yo, la mano del oscuro Jefe de Gabinete de Sánchez traído por Iván Redondo a Moncloa, Diego Rubio, así como lo reiterado de reabrir y utilizar las heridas de la Guerra Civil Española. Han decidido incendiarlo todo para atrincherarse en el poder. Si hay que generar polarización se hace y si no, se importa del exterior. El Gobierno de Sánchez no sólo no garantizó la seguridad del desarrollo de la vuelta, poniendo en riesgo la vida de los ciclistas, sino que instigó su final fatal, poniendo en cuestión la capacidad de España para organizar macroeventos, degradando nuestra imagen exterior y generando sensación de inseguridad entre los españoles que saben que alienta a los otros exaltados de extrema derecha.
La estrategia enlaza con aquella del «¡Que se quemen otros!» mientras los ciudadanos morían o lo perdían todo arrastrados por los efectos de la dana, o el «¡que se quemen otros!» mientras España ardía de sur a norte y de este a oeste. Que se quemasen los presidentes de las comunidades autónomas en las que no gobierno.
«¡Que se quemen otros», mientras lanzo mediante decreto a 3.000 menas a las comunidades autónomas sin los análisis, diálogo, negociaciones, acuerdos, ni recursos necesarios para que se les pueda atender correctamente mientras se excluye del reparto a País Vasco y Cataluña, a exigencia de los socios del PNV y Junts, con el silencio cómplice de esos otros socios de extrema izquierda como ERC, Bildu y resto del Frankenstein desprovistos aquí misteriosamente de toda su «sensibilidad social» ¿Quién les hubiese atribuido, hace apenas ocho años, a los herederos de ETA que tuviesen esa «sensibilidad» verdad?, ese respeto a los derechos humanos y a la vida que les niegan aún hoy a los familiares de los españoles asesorados y a las víctimas de esa banda terroristas. Utilizan a los niños para azuzar el conflicto con la inmigración, generar una narrativa que potencie el papel y el altavoz de Vox buscando la necesaria retroalimentación política y electoral entre los dos extremos.
«¡Que se queme España!» mientras importo e irresponsablemente espoleo la polarización, la división y el enfrentamiento tras la ejecución del activista político norteamericano Charlie Kirk.
«¡Que se quemen otros!» mientras asfixio a las comunidades autónomas con la deficiente e insuficiente financiación autonómica que acaba perjudicando la gestión de los servicios públicos que afectan directamente a los ciudadanos.
«¡Que se quemen otros!» mientras me invento, invadiendo las competencias autonómicas, una vez más y en lo relacionado con la vivienda, imponer que miles de viviendas turísticas tengan que ser puestas en alquiler mientras los españoles tenemos el convencimiento de que este Gobierno tolera y ampara la ocupación ilegal.
Todo diseñado desde Moncloa, tolerado, aplaudido y secundado por el PSOE, justificado por sus militantes y esparcido por sus medios y tertulianos afines.
Una forma canalla de hacer política. Un calculado fracaso del Estado que solo el Rey, la Justicia y los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado sostienen y que es de salud democrática para España sacar de las instituciones democráticamente.
José Julio Díaz fue vicepresidente de la Mesa del Parlamento andaluz