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TribunaJuan Alfredo Obarrio Moreno

Españoles, la patria está en peligro: acudid a salvarla

Debo acabar, pero no sin antes recordar que en su novela Manolo, Francisco de Cossío escribe: «Yo no he visto en el mundo, y he corrido bastante mundo, nada tan intratable como un socialista español». Una vez más, dos siglas, como dos puñales, me vienen a la mente: P.S. Dos siglas que pesan como lápidas

«La patria está en peligro. Madrid perece víctima de la perfidia francesa. Españoles acudid a salvarla». Fue el escueto y doliente bando firmado por los alcaldes de Móstoles la tarde del 2 de mayo de 1808. Llamaban a defender la patria y su independencia. No eran tiempos para la cobardía. Tampoco para la traición. Eran tiempos para salvaguardar nuestra historia, nuestra cultura y nuestra nación. Hoy, como ayer, no es momento para que el miedo nos atenace y nos relegue al plácido sillón del olvido. Un mal recorre la vida pública de este país. Tiene nombre y apellidos. P.S. Él, con su poblada corte del faraón, lleva dentro de sí esa profunda ira, ese tóxico veneno y esa infinita mentira que contribuye a carcomer este viejo y venerable palimpsesto llamado España.

P.S. teme perder las elecciones. Las encuestas no le son favorables. La calle le abuchea y le insulta. Solo Tezanos, con su irrisorio CIS a cuestas, sus periodistas de salón, los Almodóvares de turno (aunque no estén en Panamá) y su partido (o lo que quede de él), le aplauden y le sonríen. Pero un iracundo P.S. sabe que puede perder lo que más desea conservar, que no es la dignidad (si es que alguna vez la tuvo), sino el poder.

Ha hecho todo y hasta un poco más para conservarlo. Ha mentido sin pudor alguno. La mentira está cosida a su piel. Hasta él lo sabe. Ha desacreditado las instituciones. Ha vejado a los jueces que no se inclinan ante su grandilocuencia. Ha pactado con quienes repudian la idea de España. Al igual que buena parte del PSOE, su familia o está condenada o imputada. Pero eso, ¡qué importa! Lo decisivo es seguir siendo, al precio que sea, el César de la política. Lo grave es que el precio a pagar es España, sus instituciones, su legitimidad, su democracia.

Sabemos que el truhan juega siempre con las cartas marcadas. P.S. [SS1.1]no lo desconoce. Ningún mortal, por ávido que sea, le puede dar lecciones al respecto. Una baza le queda. Esta ya no puede ser el CIS. A Tezanos, nadie le cree. Solo le rinden pleitesía los más cafeteros. Estos estarán siempre con el jefe del partido más corrupto de la historia. Ante este panorama, se pregunta: ¿qué debo hacer? Sabe que la vida le va en el censo electoral. Pero el electorado le señala, le increpa y le da la espalada, a él que tanto ha hecho, no por España, sino por destrozarla. Lo sabe, y una rabia, nada contenida, se apodera de su gélido rostro y de su oscura alma.

Una consigna se instala en Moncloa: acabar con todo rastro de pulcritud democrática. ¿Aún más? Sí, aún más. La ley está en sus manos. También el Constitucional de Cándido Conde-Pumpido. El hombre que anunció que en diciembre 2025 caducaba su mandato. ¿Renunció al cargo? No. El jefe, y quienes niegan a España, le necesitan.

P.S. sabe que ley está a su servicio. La Ley de Memoria Democrática (¿democrática?) le permite sacar de la chistera la Ley de nietos. Con ella, el censo, como los españoles, queda desamparado. Todos son nietos de españoles. Todos, incluso antes de nacer, conocían, amaban y veneraban a España. Su mayor deseo no es contribuir en España, ¡eso jamás!, es votar en España, y por una España socialista. Porque no hay otra España que la socialista. La de P.S. La que les otorgará pagas, subsidios, vacaciones en Benidorm y hasta un piso en Torrevieja, como en la época dorada del Un, Dos, Tres.

¿Qué le queda al españolito que no llega a fin de mes? ¿Qué le queda a la juventud que ve que no puede comprarse un piso y que vivirá, por los siglos de los siglos, con sus padres? Ver cómo le roban la democracia, la ilusión y su futuro. Ver cómo se perpetúa un tal P.S. in aeternum. Y ver cómo la oposición apenas alza su tenue voz para gritar, a los cuatro vientos, que si se lleva a término esta ley deberemos, como leemos en la Divina Comedia, perder toda esperanza de regeneración política.

No es hora de estériles lamentos. Es tiempo de esgrimir que estamos asistiendo a un golpe de Estado a cámara lenta. Lo debemos reclamar nosotros, la sociedad civil. Pero, sobre todo, le debemos exigir a la oposición que dé esta batalla, que es la batalla de la dignidad, pero también es la batalla por salvaguardar la nación de la mayor corruptela en decenios, y de corrupción, el PSOE es un maestro en la estrategia.

Debo acabar, pero no sin antes recordar que en su novela Manolo, Francisco de Cossío escribe: «Yo no he visto en el mundo, y he corrido bastante mundo, nada tan intratable como un socialista español». Una vez más, dos siglas, como dos puñales, me vienen a la mente: P.S. Dos siglas que pesan como lápidas sin memoria.

  • Juan Alfredo Obarrio Moreno es catedrático de Derecho romano
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