25 de octubre de 2021

Carmen Fernández de la Cigoña
Carmen Fernández de la Cigoña

Año de la Familia. ¿Año de su extinción?

La directora del Instituto CEU de Estudios de la Familia aborda una de las cuestiones más candentes para el sostenimiento, moral y demográfico, de nuestro país: la familia

Se ha convocado este año el X Encuentro Mundial de las Familias y ante una convocatoria así, siempre es buena la reflexión de qué se celebra y por qué.
Proliferan en estos tiempos «los días internacionales de»…, o «las jornadas internacionales de»… La ONU se encarga de elaborar un calendario –que sistemáticamente va actualizando– acerca de días internacionales, en muchos casos de realidades, fenómenos o figuras absolutamente desconocidas y en no pocos casos irrelevantes. El motivo es hacer una llamada de atención sobre aquello a lo que se quiere dar, al menos, cierta relevancia.
Sorprende, por tanto, en ese elenco de efemérides encontrar que ha desaparecido «el día internacional de la vida», si bien aún se mantiene «el día internacional de las familias». Siendo sinceros, poco hay que le preocupe a la persona tanto como la vida y la familia. Su vida al menos, y su familia. Y desde luego, es lo que debería preocupar a las comunidades y a los gobiernos. La Vida y la Familia.

Dice mucho del interés que tienen nuestros gobernantes en llevar a la familia a marchas forzadas hacia su extinción

En nuestro entorno más próximo y en la tarea cotidiana de nuestros gobernantes, no sabemos si les preocupa, pero desde luego les ocupa. Dice mucho del interés que tienen no por poner de relieve el papel de las familias en cualquier comunidad, si no, más bien por llevarla a marchas forzadas hacia su extinción.
Nunca como ahora ha habido o se ha anunciado una legislación tan prolífica en materia de familia, o en lo que le afecta de una manera directa. Y siempre en el mismo sentido.
Junto con toda la legislación ya existente, en esta última legislatura hemos visto cómo se han aprobado en nuestras cámaras la ley de eutanasia, la ley de protección a la infancia (y nos enteramos de que en primer lugar hay que proteger a los niños de sus padres), las distintas leyes o modificaciones de las leyes LGTBI ya existentes, o la que convierte en delito intentar ayudar a las mujeres que prefieran tomar la opción de no abortar y elegir la maternidad. Y se nos anuncian para el 2022, entre otras, una nueva modificación de la ley del aborto, una ley de diversidad familiar y apoyo a las familias con especial atención a las familias LGTBI y las familias trans, y el anteproyecto de ley para la igualdad real y efectiva de las personas trans y para la garantía de los derechos de las personas LGTBI. Por supuesto, y con una reiteración enconada, la patria potestad sobre los menores se ve cada vez más reducida, y según los textos, o los anuncios que se hacen de lo que vendrá, los peores enemigos de los hijos son sus padres.

En la proyección que hace nuestro gobierno para la España del 2050 no hay ni una sola medida que fomente o promueva la natalidad

Si nos pusiéramos irónicos podríamos aventurar que dentro de poco no importará, porque las cifras de natalidad continúan en caída libre, el suicidio demográfico es una realidad, y en la proyección que hace nuestro gobierno, con su presidente a la cabeza, para la España del 2050 no hay ni una sola medida que fomente o promueva la natalidad.
Pero no es momento para la ironía, si no para la acción. Porque ante todas las acciones orquestadas del Frente Popular, no cabe otra cosa que presentar una verdadera alternativa una acción real y efectiva, que comienza, como casi siempre, por los ámbitos que nos son más propios y más cercanos.
Ante ese nuevo cambio de paradigma que se pretende imponer en la sociedad española, en la que todo es indiferente y mi deseo (el que sea) debe ser ley, hay que alzar la voz y reclamar lo que verdaderamente es real y fructífero. Y ser conscientes de que no hacerlo nos puede llevar a la desaparición.
Por eso nos sumamos a la celebración del año de la familia. Porque si el tiempo de la familia es todo, y si no las sociedades desaparecen en lo que es su verdadera identidad, no está de más llamar la atención sobre una realidad tan relevante y trascendente como es la familia. Que, por otra parte, más allá de imposiciones ideológicas, sigue siendo la más valorada personal y socialmente.
Preferimos celebrar con un año dedicado a la esencialidad de la familia como institución, viviéndola, protegiéndola, disfrutándola, que celebrar el absurdo de un día internacional de las legumbres o de las montañas, por más que también nos guste disfrutar de ellas.

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