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Hijas de la Caridad de la Loyola Unit

Hijas de la Caridad de la Loyola Unit

Las monjas heroínas que salvaron miles de vidas durante la Gran Guerra

Más de 3.000 enfermos y heridos pasaron por el hospital y fueron curados por las hermanas

El 11 de noviembre de 1918 el mundo descansó, la Primera Guerra Mundial había terminado. Un conflicto que destruyó gran parte de Occidente y cambió las vidas de muchas personas. Millones de soldados fueron movilizados y trasladados a los distintos frentes europeos, listos para luchar por su nación.

Las mujeres no tenían permitido empuñar las armas, de hecho, solo unas pocas pudieron luchar en primera línea de batalla. Aun así, su labor fue indispensable en la retaguardia. Espías, responsables de logística y enfermeras fueron piezas clave a lo largo del conflicto. La mayoría de enfermeras que se pusieron al servicio del ejército eran laicas, profesionales de la sanidad o simplemente mujeres que querían ayudar.

Unos meses antes de que finalizara la contienda, una decena de religiosas procedentes de Estados Unidos se unieron a la guerra. Pertenecían a la congregación de las Hijas de la Caridad y estaban lideradas por la hermana Chrysostom Moynahan, una mujer con gran experiencia como enfermera.

Llegada al campo de batalla

En el verano de 1918 les fue encomendada la tarea de liderar el Hospital 102 en la zona italiana de Umbría, en Vicenza. El grupo conocido como Loyola Unit era el único de monjas que viajaría a Europa desde Estados Unidos. Un grupo de 90 enfermeras se pusieron al servicio de la hermana Chrysostom.

Llegaron a Italia en septiembre y, aunque la guerra terminó en noviembre, permanecieron más tiempo en la zona para seguir atendiendo a enfermos y heridos que llegaban del frente.

Su labor se centró en curar a los soldados que llegaban heridos al hospital. Salvaron muchas vidas, pero también dieron consuelo a aquellos que estaban lejos de su hogar. Sus oraciones fueron de gran ayuda en aquellos momentos de conflicto. Llegaron incluso a decorar una capilla para los ratos de oración. A pesar de su increíble labor, no pudieron salvar todas las vidas que quisieron.

Fin de la misión

El agotamiento apareció en las mujeres tras interminables jornadas viendo como llegaban más soldados heridos desde el frente. Se abrieron nuevas salas, se prepararon más camas y las religiosas velaron por sus pacientes día y noche.

Los meses de guerra fueron también un tiempo de esperanza y de experiencias inolvidables. Las Hijas de la Caridad de la Loyola Unit regresaron a casa casi medio año después de que el conflicto terminara oficialmente. Más de 3.000 enfermos y heridos habían pasado por el hospital y fueron curados por las hermanas.

Ya en Estados Unidos, la hermana Chrysostom Moynahan siguió administrando varios hospitales hasta su muerte en 1941. Fue un día triste para todos aquellos que la conocían, se había ido la heroína estadounidense que salvó miles de vidas durante la Gran Guerra.

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