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25 de julio de 2024

MAÑANA ES DOMINGOJesús Higueras

«Todo se lo exponía con parábolas»

Hay que elegir, saber qué es lo más importante y dedicarle el tiempo necesario, pues no hay asunto mas decisivo que la salvación de nuestra alma

Actualizada 04:30

Según leemos en San Marcos, Jesús tenía dos tipos de discípulos: aquellos a los que explicaba todo en parábolas y un grupo más reducido con quienes profundizaba detenidamente sus enseñanzas y las consecuencias que éstas tenían para su vida. No porque unos fueran más listos o más «avanzados» que otros, sino que era el amor a Jesús y el interés por su persona lo que movía a algunos de ellos a pedirle una comprensión mayor de sus enseñanzas.

¿Nosotros en qué grupo estamos? ¿Nos conformamos con escuchar cada domingo el Evangelio con su homilía correspondiente, o tenemos sed de más? Es el Espíritu Santo el que pone esa sed en el corazón, pero necesita nuestra respuesta positiva, es decir, que no se quede todo en buenas intenciones, sino que seamos capaces de dedicarle un poco más de tiempo a conseguir que Jesús y sus enseñanzas formen parte de nosotros mismos en una dimensión cada vez mas profunda.

No está mal que de vez en cuando pensemos cuánto tiempo dedicamos a las aficiones, deportes, lecturas, amigos. Seguro que bastante, pues es muy necesario para descansar en nuestro interior. Pero si ponemos en una balanza el tiempo dedicado a Dios y el tiempo dedicado a los demás, seguro que resultaría mucho mayor nuestro interés por lo humano que por lo divino.

Parece que las cosas de los hombres son siempre más urgentes que los asuntos de Dios. Tal vez sea cierto, pero no por ello son más importantes. Al final, todo lo que invertimos en conocer más a Cristo y seguirle de un modo más coherente repercute en el bien de nuestra relación con los demás y con nosotros mismos. Si queremos mejorar nuestra «calidad de vida» interior y espiritual necesitamos conseguir una mayor madurez cristiana, un trato mas cordial con Cristo y una caridad cada vez mayor.

Y para ello hay que elegir, saber qué es lo más importante y dedicarle el tiempo necesario, pues no hay asunto mas decisivo que la salvación de nuestra alma y la de todos los que amamos. Nos olvidamos con frecuencia que tenemos vocación de eternidad y empleamos toda nuestra energía en solucionar los asuntos temporales, mientras que los eternos quedan relegados a un después que nunca llega.

Una vez más, el Maestro nos invita a sentarnos a sus pies y escuchar de sus labios las explicaciones necesarias que nos ayudarán a encontrar el camino del Cielo.

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