El padre Fabio Attard, en una de sus primeras misas como nuevo Rector Mayor de los salesianos,
La primera visita del nuevo rector de los salesianos: una cárcel de menores en Turín
El sacerdote maltés Fabio Attard recuerda que «en todo joven, incluso el más desgraciado, hay un punto accesible al bien»
Para su primera salida pública, el nuevo Rector Mayor de los salesianos, el padre Fabio Attard, eligió la cárcel de menores Ferrante Aporti, de Turín. Detrás de la delincuencia juvenil, los salesianos de Don Bosco leen el sufrimiento de los jóvenes pobres y abandonados a sí mismos, según ha recogido la Agencia de Noticias Salesiana de un artículo del semanario católico La Voce e Il Tempo.
El nuevo Rector Mayor decidió encontrarse «primero» con los jóvenes «díscolos y en peligro» –como los llamaba Don Bosco– «y que hoy iría a buscar». Por eso, acompañado por su hermano salesiano capellán, el padre Silvano Oni, se citó con los jóvenes allí detenidos, en su mayoría extranjeros.
«Es aquí donde nació el Sistema Preventivo de Don Bosco –ha explicado el padre Attard– y desde Turín, donde nació el carisma salesiano, queremos seguir estando junto a los jóvenes que han recibido menos, porque, como nos recomendó nuestro fundador, ‘en todo joven, incluso el más desgraciado, hay un punto accesible al bien, y el primer deber del educador es encontrar ese punto, esa cuerda sensible del corazón y sacar provecho de ello’».
Algo que horrorizó a Don Bosco
Es precisamente el Santo de los Jóvenes, recuerda el Rector Mayor, quien en sus «Memorias del Oratorio» cuenta cómo comprendió que – en el Turín del siglo XIX, con muchas similitudes con las periferias del mundo actual– era necesario dar esperanza a los jóvenes más frágiles y pobres. «Ver turbas de jovencitos, de entre doce y dieciocho años, todos sanos, robustos, de inteligencia despierta, pero verlos allí inactivos, devorados por los insectos, hambrientos de pan espiritual y material, fue algo que me horrorizó», escribió Don Bosco.
«Quién sabe –proseguía el fundador– si estos jovencitos tuvieran afuera un amigo que se ocupara de ellos, los asistiera y les enseñara religión los días festivos, quién sabe si no podrían mantenerse alejados de la ruina o al menos reducir el número de los que regresan a prisión. Comunico este pensamiento a don Cafasso (su padre espiritual, patrono de los presos, confesor de los condenados a muerte) y con su consejo y su luz me puse a estudiar la manera de realizarlo».
El Sistema Preventivo
Estamos en 1855, en «la Generala» (así se llamaba la cárcel de menores de Turín, hoy «Ferrante Aporti»): allí Don Bosco visitaba a los jóvenes detenidos y fue en esas tardes compartidas jugando y conversando con ellos que inventó el Sistema Preventivo, como recuerda una placa dedicada a él en los pasillos del Instituto.
Por eso, desde entonces, los capellanes del «Ferrante» son salesianos y tratan, siguiendo las huellas de Don Bosco como sucede en todos los oratorios del mundo, de amar a los muchachos: «Se logrará más con una mirada de caridad, con una palabra de aliento, que con muchos reproches», escribió también el santo. En definitiva, concluye el padre Attard, «el papa Francisco, al abrir la segunda Puerta Santa después de la Basílica de San Pedro en la cárcel de Rebibbia, nos indicó hacia dónde debemos llevar esperanza y consuelo».