El Papa Francisco y Bono, el líder de U2
U2, ¿el más «católico» de los grandes grupos de música?
Dada su raíz irlandesa, y la abundancia de referencias religiosas, hay quienes creen que U2 es una banda católica. Aunque no es algo que ellos vayan diciendo, Bono asegura que cree en la Gracia de Dios: «Me acojo a Jesús, que cargó con mis pecados en la Cruz»
De Irlanda ha nacido un nutrido número de cantantes y grupos musicales: desde The Cranberries o The Corrs hasta Sinéad O’Connor o Enya. Su perfecto dominio de la lengua inglesa les ha permitido un encaje natural y lucrativo en los entornos británicos y estadounidenses de la industria del entretenimiento, lo que les ha conferido una proyección internacional de absoluta contundencia.
El mundo del cine abunda en irlandeses: desde Maureen O’Hara o el nacionalizado Daniel Day-Lewis (su cuna es Londres) hasta Colin Farrell, Cillian Murphy, Pierce Brosnan, Gabriel Byrne, Richard Harris, y el norteamericano John Ford (de padres emigrantes irlandeses que hablaban la lengua nativa céltica). Por no contar con Kenneth Branagh o Liam Neeson, que son de Irlanda del Norte.
A pesar del abrumador peso de estos y otros nombres, quizá dos de las marcas más asociadas con Irlanda sean la cerveza Guinness (origen del célebre libro de los récords) y el grupo rockero U2. Con permiso de compañías como Primark, Accenture o Ryanair. Porque Irlanda ya no es aquel país pobre, sojuzgado por los británicos, dedicado al cultivo de la patata y cuyas gentes debían emigrar para evitar el hambre y la persecución religiosa que les infligía el anglicanismo.
Cierto es que Irlanda ha sido decisiva en la construcción de ciertas facetas de la cultura estadounidense y de su comunidad católica. Era irlandés el monseñor Hugh O’Flaherty que salvó la vida de miles de personas en la Roma ocupada por Alemania durante la Segunda Guerra Mundial, acontecimiento narrado en la película Escarlata y negro (1983), protagonizada por el católico Gregory Peck —y con el británico John Gielgud como Pío XII; un actor que encarnó a papas en largometrajes como Las sandalias del pescador (1968) y Elizabeth (1998) —.
Sin embargo, Irlanda ha cambiado; en 2015 (con un 38 % de noes) se aprobó el referéndum para permitir el «matrimonio homosexual», y en 2018 (un 34 % de noes) salió adelante la iniciativa para legalizar el aborto, mediante la derogación de una enmienda constitucional de 1983.
En ambas ocasiones, U2 se mostró a favor del «sí». En Twitter publicaron en mayo de 2018 un mensaje muy explícito, y en 2015 celebraron, durante un concierto en Arizona, el resultado del plebiscito. Dedicaron la canción Pride («orgullo»), alterando la letra original «they could not take your pride» («no pudieron arrebatarte el orgullo») por «they could not take away your gay pride» («no han podido quitaros el orgullo gay»). Pero ¿es U2 una banda católica, a pesar de estas preferencias?
Para entender mejor el tema, conviene recordar que la mitad de los componentes de U2 no nacieron ni irlandeses ni católicos: el bajista Adam Clayton y el guitarrista The Edge (David Howell Evans) son ingleses, aunque crecieron en la tierra de San Patricio y el trébol. En cierta ocasión, The Edge llegó a declarar que a veces se sentía raro en una nación tan «ostentosamente católica» como Irlanda.
Por su parte, Bono (Paul Hewson), el líder de la banda, es de padre católico —que se alejó de la fe— y madre protestante, y su vida refleja hasta qué grado la banda —como el propio país— es «católica». El propio Bono nunca ha sentido el fervor de asistir a la iglesia todos los domingos.
Por otro lado, resulta obvio que el grupo se ha involucrado repetidamente en apoyar causas como la lucha contra la pobreza o contra la tortura, o a favor de la condonación de deudas a países en desarrollo.
Una de sus canciones más emblemáticas, Sunday bloody sunday (War, 1983), toma título de una funesta jornada en Derry (Irlanda del Norte); el 30 de enero de 1972 soldados británicos dispararon contra población civil, y acabaron muriendo 14 personas. Sin embargo, el grupo ha evitado convertir esa canción en una protesta contra la ocupación británica o un símbolo nacionalista.
A finales de 1983 publicaron el álbum en directo Under a blood red sky, con una versión de Sunday bloody sunday en que se oye a Bono, que blande una bandera blanca sobre el escenario: «Esta no es una canción rebelde». Unos años después, durante la gira Rattle and hum, Bono añadió esto al cantar la canción: «Estoy harto de los irlandeses americanos que no han regresado a su país en 20 o 30 años y que vienen a hablarme de resistencia, de que vuelva la revolución al país, y de la gloria de la revolución, y de la gloria de morir por la revolución. ¡Que se joda la revolución! No hablan acerca de la gloria de matar por la revolución. ¿Qué gloria hay en sacar a un hombre de la cama y dispararle delante de su esposa y sus hijos?».
El conflicto irlandés explica la distancia que la banda mantiene hacia las «religiones organizadas». Algo similar cabe decirse de Miss Sarajevo (editada inicialmente como Passengers en 1995, sin la marca U2), en la que se habla de «hacer la Primera Comunión» y de «mirar a La Meca». Una letra inspirada en los horrores de la Guerra de Yugoslavia.
Aunque algunos puedan entender que se trata de estar en el lado «políticamente correcto» —en sus giras más recientes han criticado, sobre los escenarios, a Viktor Orbán y a Donald Trump; y, al cerrar el ZooTV Tour en noviembre de 1993 en Sídney, Bono, en medio de una alocución, dijo: «Adiós, neonazis, espero que os den Auschwitz»—, eso no implica ninguna orientación religiosa.
En su álbum Rattle and hum (1988), Bono aclara, cantando en directo, que la canción Silver and gold es una declaración contra el apartheid vigente aún entonces en Sudáfrica, y versa sobre un hombre negro, de una barriada marginal de Johannesburgo, que, hastiado de la opresión, está a punto de sumarse a la reacción violenta contra el gobierno. «Ha perdido la fe en los negociadores de paz de Occidente que no apoyan al obispo [Desmond] Tutu [anglicano] ni las sanciones económicas», añadía Bono. En este mismo disco, interpretan con un coro gospel una canción de tono espiritual que expresa parte de la filosofía de Bono: I still haven’t found what I’m looking for («aún no he encontrado lo que estoy buscando»).
Esta composición —que Bono define como un «salmo»—, que ya se incluía en el álbum The Joshua tree (1987), dice: «He hablado con la lengua de los ángeles. He estrechado la mano de un demonio… Creo en la llegada del Reino … Has roto las ataduras, has quebrado las cadenas, has cargado con la cruz de mi vergüenza».
Por su parte, la canción Pride (In the name of love) estaba dedicada originalmente a Martin Luther King, que era un reverendo protestante, y que fue asesinado en Memphis en abril de 1968, tal como recuerda la letra: «Early morning, April four. Shot rings out in the Memphis sky». Asimismo, esta pieza se inicia con alusiones que muestran similitudes con Jesucristo: «Un hombre vino en nombre del amor … Qué más se puede hacer en nombre del amor … Un hombre traicionado con un beso».
A Bono se lo ha visto fotografiarse con papas —colaboró con Juan Pablo II durante el Año Jubilar de 2000 y le regaló unas gafas de sol, y se reunió con Francisco en un par de ocasiones—, e incluso ha llegado a asistir a alguna misa y comulgar. Sin embargo, no se declara «católico», sino «cristiano».
Reza con frecuencia, lee la Biblia y sus canciones están salpicadas de aclamaciones y llamadas a Jesús —pretende que no sean simple artificio literario—, y de concomitancias variadas —«si quieres besar el suelo, será mejor que aprendas a arrodillarte: ¡ponte de rodillas, chaval!», canta en el disco Achtung baby (1991). La primera canción de su segundo álbum (October, 1981) se titula Gloria, y, junto con partes en latín —«Gloria. In te domine. Gloria. Exultate»—, invoca de este modo: «Intento hablar claro, pero solo en ti estoy completo… Oh, Señor, si yo tuviera algo, lo que fuera, te lo daría». En How to dismantle an atomic bomb (2004), incluyeron la canción Yahweh: «Siempre hay dolor antes de que nazca un niño, Yahvé, Yahvé. Aún sigo esperando el amanecer».
Quizá lo que aclare en qué consiste la fe de Bono es su definición de cristianismo como religión diferente de las demás, en tanto que negación del concepto de karma. En vez de karma, lo que hay en el mundo es la irrupción de la Gracia de Dios por medio de Jesús, «Dios Encarnado», según admite Bono. Es algo que él mismo explicó en el libro Bono sobre Bono, conversaciones con Michka Assayas (2005): «Me acojo a Jesús, que cargó con mis pecados en la Cruz, porque sé quién soy y espero no tener que depender de mi propia religiosidad. No son nuestras buenas obras lo que nos abre las puertas del Cielo».