Juntos, pero cada uno por su lado
«Lo que más mata el cerebro después de las drogas es levantarse y mirar el móvil»
El CEU acoge IX Congreso Nacional de Doctrina Social de la Iglesia y de Bioética con la mirada puesta en la hiperconectividad
Del 16 al 20 de febrero de 2026, los campus de Montepríncipe y Moncloa de la Universidad CEU San Pablo de Madrid se convierten en punto de encuentro para la celebración del IX Congreso Nacional de Doctrina Social de la Iglesia y de Bioética, un evento académico y pastoral que reúne a expertos, profesores, sacerdotes y estudiantes con un objetivo común: reflexionar sobre los grandes desafíos del mundo contemporáneo desde la luz del Evangelio y el pensamiento social cristiano.
Este congreso se enmarca en un momento histórico caracterizado por la rapidez de los cambios, la hiperconectividad y una creciente dificultad para mantener relaciones humanas profundas y estables. En este contexto cobra especial relevancia el mensaje enviado por León XIV a la Academia para la Vida, en el que advertía del riesgo de perder de vista los rostros concretos de las personas que tenemos a nuestro alrededor y de olvidar cómo reconocer y valorar todo lo verdaderamente humano. Esta llamada de atención atraviesa de principio a fin las distintas ponencias y reflexiones que se desarrollan durante el congreso.
Entre los numerosos ponentes que participan en esta edición se encuentran María José Borrego, el P. Ignacio Amorós, Jesús F. Cogollos García y Antonio Martín Puerta, entre otros muchos expertos del ámbito académico, bioético y pastoral. Cada uno de ellos aporta su experiencia y su visión particular para ayudar a comprender mejor la realidad actual desde una perspectiva cristiana. A pesar de la diversidad de enfoques y temáticas, todas las intervenciones confluyen en una misma idea: Jesucristo debe ocupar el centro de la vida del creyente y convertirse en el criterio último de sus decisiones.
Casarse gracias a 'Tinder'
Una de las ponencias que mayor impacto tuvo entre los asistentes fue la segunda intervención del P. Ignacio Amorós, centrada en la fidelidad en la pareja y en el sentido del amor en la sociedad actual. Durante su exposición analizó cómo las nuevas tecnologías han transformado profundamente la manera de relacionarnos, poniendo como ejemplo la aplicación Tinder. Según señaló, más de la mitad de las personas que actualmente se casan se han conocido a través de este tipo de plataformas, lo que evidencia un cambio radical respecto a generaciones anteriores, en las que las relaciones nacían en el entorno cercano, en el pueblo o a través de amigos y familiares.
El sacerdote no se limitó a describir el fenómeno, sino que invitó a reflexionar sobre sus consecuencias. Vivimos en una sociedad dominada por las redes sociales, donde el contacto es inmediato y constante, pero en muchas ocasiones superficial y efímero. En este contexto, la fidelidad, el compromiso y la entrega parecen conceptos difíciles de asumir, cuando en realidad forman parte esencial del amor auténtico y duradero.
En otro momento de su intervención, el P. Amorós puso el foco en una de las grandes contradicciones del mundo actual: nos declaramos plenamente libres, pero al mismo tiempo vivimos atados a nuestros hábitos y dependencias. «Lo que más mata el cerebro después de las drogas es levantarse y ver el móvil», afirmó, provocando una profunda reflexión entre los asistentes. Según explicó, muchos jóvenes entienden la libertad como la posibilidad de hacer lo que uno quiere en cada momento, cuando en realidad la verdadera libertad consiste en vivir para los demás y entregarse por amor.
Esta idea, que puede parecer contradictoria, encierra una verdad profundamente cristiana. Estar atados por amor no supone una pérdida de libertad, sino una forma más plena de vivirla, ya que implica darse con el corazón abierto, sin miedo al compromiso ni a los prejuicios, y con la confianza puesta en Dios.
El congreso concluye con una reflexión clara y exigente: las redes sociales y la tecnología, aunque son herramientas valiosas, pueden convertirse en obstáculos si nos alejan del encuentro personal y del amor verdadero. Frente a esta realidad, la propuesta cristiana sigue siendo actual y necesaria: poner a Jesús en el centro de la vida, redescubrir la dignidad de cada persona y aprender a mirar al otro no como un medio, sino como un fin.