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Fernando de Haro: «Hay más libertad religiosa en el Líbano que en países como Nicaragua o México»

Fernando de Haro

Entrevista al periodista y escritor

Fernando de Haro: «Hay más libertad religiosa en el Líbano que en países como Nicaragua o México»

El periodista presenta su nuevo documental en el que recorre los barrios de Beirut para mostrar cómo es el cristianismo libanés

Para el Papa León XIV, el Líbano debe ser «profecía de paz para todo el Levante» durante su viaje a finales de 2025. En un contexto de guerra y crisis económica asfixiante, los cristianos y los musulmanes conviven en una «libertad tensa» que muestra desde el terreno el periodista Fernando de Haro en su nuevo documental: Líbano desarmado. Tras recorrer el Valle de la Bekaa y los barrios de Beirut para su último trabajo, de Haro muestra cómo es el cristianismo libanés, qué desafíos enfrenta y cómo la caridad se abre paso en una sociedad identitaria y tensionada a nivel social y político.

–¿Cuál es la situación del cristianismo en el Líbano?

–No es de persecución. Es la situación de un país con una minoría cristiana muy amplia. Hay que tener en cuenta que en el Líbano puede haber en torno al 30 % de cristianos. Aunque en realidad no hay un censo desde hace décadas y tiene un valor político porque, en función de cuántos cristianos, sunníes o chiíes hay, pues tienen más derechos políticos que si hay más o menos. Es una situación de protagonismo social, e incluso político. Lo que pasa es que los cristianos en el Líbano están viviendo un gran experimento, «un laboratorio de convivencia», como decía Juan Pablo II.

Después de una larguísima guerra civil (1975 hasta 1990), los cristianos se encuentran ante el gran desafío de mantenerse en una posición defensiva o ser el pegamento que le da unidad a la nación. Y desde la guerra de septiembre de 2024 los cristianos están contribuyendo mucho a esa unidad del país.

–¿Cómo se organiza a nivel de iglesia, con mayúsculas, en el Líbano?

–En el Líbano hay muchas confesiones. Hay una confesión mayoritaria católica maronita con su propio rito, organizados en diócesis, con su propio patriarca y que tiene mucha influencia en el país. Luego hay otras confesiones: greco-católicos, armenios, caldeos… Hay que tener en cuenta que el Líbano durante siglos ha sido un lugar de refugio de muchos cristianos que en Oriente Próximo iban buscando un lugar seguro y el Líbano para ellos es un lugar seguro.

¿Un oasis?

–Parece un oasis dentro de Oriente Medio. ¿Cómo es esa convivencia cotidiana que ha podido ver con el islam?

–Yo no diría que es un oasis, porque hay intensas tensiones. Piensa que hubo una larga guerra civil y muchas heridas que todavía no se han restañado. El chiismo, por ejemplo, está muy colonizado por Hezbollah. Con lo cual, digamos, la relación muchas veces es tensa. Es cierto que no tanto con Hezbollah, sino con los chiitas y los sunníes, que son las otras dos confesiones musulmanas más importantes. La relación es buena dentro de la tensión. Piensa que en el Líbano los únicos pueblos mixtos son los pueblos cristianos y musulmanes. O sea, si hay chiitas, el pueblo solo tiene chiitas, no tiene suníes. Si hay suníes, solo hay suníes. Solo hay sunníes y otras confesiones si hay cristianos. Hay sunníes y cristianos, chiitas y cristianos.

Lo sorprendente es que, por ejemplo, después de la guerra del 24, cuando los chiitas estaban en el objetivo de Israel, quien ha estado ayudando a los chiitas, a pesar de que eran adversarios y que habían tenido muchos roces, han sido los cristianos. Cuando Israel bombardeó el sur y los chiitas se fueron a Beirut, los que los acogieron en sus colegios fueron los cristianos. Con lo cual, en esa tensión hay una capacidad de acogida y de relación con el otro que convive con enfrentamientos en algunos momentos. No estoy hablando de enfrentamientos armados, sino políticos.

–El cristianismo tiene también una representación política que no sucede en otros países de la zona. ¿Cómo se configura ese poder político cristiano en el Líbano?

–Cuando se configuró el Líbano como nación, a cada una de las confesiones se le dio una cuota de poder en el Congreso de los Diputados, en la Presidencia de la República y en el gobierno. Esto tiene una ventaja, que es que tú tienes representación por ser cristiano. Pero tiene un inconveniente, que se crea una dinámica clientelar. De tal manera que, teóricamente, los partidos políticos cristianos representan a los cristianos, defienden a los cristianos y, por eso, muchos políticos cristianos lo que hacen es reivindicar una especie de carta blanca por parte de la sociedad cristiana o de los cristianos. Esto lleva muchas veces a la corrupción y a una politización de la presencia pública y social de los cristianos.

Allí cuando naces no eliges religión; la religión la elige tu genética. Eso ya es un problema. Por ejemplo, no te puedes divorciar si eres cristiano. Tienes ciertas normas que suponen un problema, porque la fe tiene que ser siempre algo libre. Porque la fe se identifica más con una posición política, con una posición identitaria, que con una experiencia religiosa de fe.

–Llevado al terreno que ha recorrido, ¿qué limitaciones encuentra en el Líbano?

–La situación no tiene nada que ver con el resto de Oriente Próximo. Conozco Siria, Irak, Pakistán. En el Líbano puedes expresar públicamente tu fe. No es una libertad religiosa ceñida al templo, que es una forma muy restrictiva de entender la forma religiosa. Por ejemplo, las grandes celebraciones de San Charbel o de Harissa son grandes romerías en las que también participan los musulmanes. Insisto, en el Líbano el cristianismo no está perseguido. Hay mucha más libertad que en otros países del mundo como Nicaragua o México, por ejemplo, donde si vives en un pueblo controlado por el narcotráfico, hay formas de libertad religiosa que no se pueden expresar.

Las grandes celebraciones de San Charbel o de Harissa son grandes romerías en las que también participan los musulmanesFernando de Haro

El reto no es tener un espacio, que lo tienen. El reto para los cristianos del Líbano es expresarse con una identidad que no es política, sino que es religiosa, que es la fe.

Durante la guerra se ha visto qué significa ser cristiano. Por ejemplo, caridad, acoger a la gente, tener colegios de instituciones cristianas en los que la mayoría de los alumnos son chiitas. El reto es que tú no te dediques sólo a construir tu parcela, sino que tú vivas en sociedad sirviendo a todos, al proyecto común, al proyecto de otros, aunque los otros no sean cristianos.

En Baréin y otros países de Oriente Medio, los cristianos tienen esa conciencia, que a un europeo le puede llamar la atención, de que la fe es algo vital. ¿Lo ha visto usted en el Líbano?

–Hay un cristianismo identitario. Para los europeos es difícil entenderlo, pero la identidad cristiana puede ser un rasgo sociológico o político, pero también puede ser el alimento del que vives. Las dos cosas conviven. Pero además conviven muchas veces en la misma persona. Una persona que ha nacido cristiana solo por tradición de pronto tiene un encuentro de fe y retoma lo que creía ya saber. En este sentido hay un reverdecer de la fe precioso.

–¿Qué ha supuesto la visita del Papa León XIV para los cristianos del Líbano?

–Ha sido esencial. Los frutos se tardarán en ver porque esto no es automático. Pero el Papa se suma a toda esa gran corriente que se vive desde hace años en el Líbano, que se aleja de lo identitario y lo sociológico para entrar en lo personal que nace de la fe. Con lo cual es un gran impulso para este movimiento: que es el retomar qué significa ser cristiano.

–¿Ha podido ver en sus viajes una acogida o un desplazamiento de cristianos de otras regiones en las que no pueden profesar su fe?

–Durante un cierto tiempo, el Líbano fue el gran refugio. Estamos hablando de persecuciones de los siglos XVIII y XIX. Ahora la migración en todo Oriente Próximo y en el Líbano de cristianos es hacia Occidente: Australia, Estados Unidos y Francia en menor proporción. Este es un problema que tienen los cristianos del Líbano, como tienen muchos libaneses. Un copto cristiano egipcio no quiere irse al Líbano, sino a Australia. Es decir, la migración es de Siria al Líbano por cercanía, por proximidad, pero no es su destino.

El reto para los cristianos del Líbano es expresarse con una identidad que no es política, sino que es religiosa, que es la fe

El problema es económico. Hay una clase media, una clase alta maronita que es muy internacional y vive en Beirut. Pero esto es una minoría. Luego está la gente de los pueblos que vive mal y lo que quiere es irse. El problema es que el país tiene una crisis económica bestial, a la que se suma la falta de estabilidad, un proyecto común, la intervención que ha habido primero de Siria, luego de Israel, la explosión del puerto, la falta de seguridad jurídica... Todo eso hace que el Líbano esté a trozos política y económicamente. No se van por persecución, se van por salir adelante.

Volver a las raíces

–En el documental habla de la necesidad de los cristianos libaneses de volver a las raíces.

–Se trata de volver a las raíces. Hay una manera de comprender el ser minoría, y en eso los europeos tenemos mucha culpa, que es victimizar. Pensar en los cristianos de Oriente Próximo siempre como unos cristianos que son víctimas. Bueno, son minoría, ¿y qué? Tienen algunos problemas, ¿y qué? O sea, el Líbano se construyó por un proyecto nacional impulsado por los maronitas. El Partido Baaz Árabe Socialista sirio estaba influido por cristianos sirios que eran protagonistas de la vida social. El proceso constitucional de comienzos del XX en Egipto era impulsado por un partido copto cristiano con una gran presencia. Se trata de volver a eso. El problema no es ser mayoría, no es la hegemonía, no es el espacio, son los procesos, citando al Papa Francisco. Es decir, igual que en Palestina, donde los cristianos tienen un altísimo papel social.

Hay que dejar de pensar en espacios, en hegemonías, en minorías acosadas, que es un cliché que imponemos desde Occidente, porque en Occidente pensamos que si no eres hegemónico no eres libre; si no tienes un espacio que controlar, no eres libre.

Lo fundamental es que el patriarca ayude a los políticos cristianos a hacer lo que tienen que hacer. Y los políticos cristianos no tienen, fundamentalmente, que defender una cuota, sino construir juntos el país con los chiitas y con los sunníes.

–¿Qué es lo que más le impactó de lo que vio en el Líbano y esas experiencias que vivió?

–Hay personas para las que la fe no es, digamos, un letrero en la frente, sino que es una vida que se expresa como caridad. Recuerdo a una señora del Valle del Bekaa, que acogió a treinta personas que no conocía de nada en su casa y les dio de comer. Que tengas un colegio y lo pongas al servicio de los musulmanes. Que te conviertas en zona de encuentro. Que la fe se convierta en una expresión de paz en un sitio muy conflictivo. Estoy pensando ahora, mientras hablo, en el rostro de las personas que te fascinan por una humanidad sencilla.

O sea, que un cristiano sigue siendo un cristiano. Es decir, alguien atraído por la presencia de Cristo, tan atraído por la presencia de Cristo. Me decía una persona: «Nosotros somos fieles a nuestra tradición y nuestra tradición es una persona, una persona viva». Bueno, pues eso lo ves en una, dos, tres, en cuatro personas. Y la verdad es que impresiona, llena de alegría.

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