Fundado en 1910

El obispo de Vitoria retrata al 'cura progre': amargado, anciano, sin celo, vago... Solo «incordia»

Lleva años padeciendo el «ariete constante» de unos pocos curas que «azuzan el avispero» y ya lograron que sus antecesores acabaran «con ganas de jubilarse cuanto antes». Pero él se ha plantado: «Conmigo sí que está habiendo un cara a cara»

Act. 10 may. 2026 - 12:14

Monseñor Juan Carlos Elizalde, obispo de Vitoria, durante su entrevista para El Debate

Monseñor Juan Carlos Elizalde, obispo de Vitoria, durante una entrevista para El Debate

«Si uno no lleva grupos, la parroquia la ha tenido cerrada casi siempre, no está cerca de los pobres, no confiesa nunca, no va a nada de formación, no va a los retiros ni a las reuniones de trabajo... ¿En qué pasa todo el día? Es una minoría, sí. Pero con mucho tiempo para incordiar». El obispo de Vitoria, monseñor Juan Carlos Elizalde, no ha tenido pelos en la lengua a la hora de enumerar las virtudes que adornan a muchos de los «curas críticos» de su diócesis, aunque, de algún modo, ha ofrecido un retrato certero de una especie en extinción que se repite en otras muchas diócesis españolas: la del cura progre.

Ante los micrófonos de Radio Vitoria, el prelado ha respondido por primera vez a la campaña de acoso que lleva años soportando por parte de «una minoría» de sacerdotes alaveses. El último capítulo sucedió hace unos días, cuando recibió una carta firmada por dos sacerdotes de la diócesis críticos con su gestión. Algunos medios de izquierdas se apresuraron a asegurar que la misiva «está respaldada por otros 50 curas que prefieren el anonimato para evitar represalias».

«No acepto que sean 52», afirmó monseñor Elizalde, que conoce bien la diócesis que lleva pastoreando desde hace casi diez años. El problema, agrega, «es que no hago lo que ellos quieren». Sus antecesores también padecieron el «ariete constante» de estos curas anónimos, represaliados e incordiantes –y no especialmente intrépidos, habría que añadir–: «Son los que hicieron saltar a Peralta, a monseñor Larrauri y a don Miguel, con ganas de jubilarse cuanto antes», lamenta el prelado. «Los más combativos, los que lograron que los obispos anteriores se amargaran, están en esa misma línea», constata. «Esto lo ha habido siempre, solamente que no ha habido un cara a cara y conmigo sí que lo está habiendo, y estoy contento. Y yo quiero seguir trabajando con todos», ha agregado.

«Azuzan el avispero», ha expresado gráficamente monseñor Elizalde, quien tiró de ironía con uno de los firmantes: «No saben en qué echar el día. ¿Qué vas a hacer? –le preguntó a uno de los más ancianos– ¿Vigilar las obras del Ayuntamiento, como todos los jubilados?».

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas