El Papa León XIV es el menor de tres hermanos, por detrás de John (derecha) y Louis (izquierda)
Así es León XIV, el Papa que se ha ganado al mundo en apenas 400 días
Ha querido distinguir a España como el primer país europeo –si exceptuamos una breve visita a Mónaco– que visita convertido en el Pontífice 267 de la Iglesia
La temperatura era calurosa, aunque no asfixiante, en la tarde de aquel 8 de mayo de 2025 en la plaza de San Pedro del Vaticano. El sol aún refulgía sobre los tejados romanos, y decenas de miles de personas estaban arracimadas en la mayor explanada de la Cristiandad. Dos fumatas negras se habían elevado ya hacia el cielo azul y límpido formando oscuras volutas que se dispersaban con los suaves vientos de la tarde, pero los asistentes mantenían la esperanza de que, ahora sí, a la tercera iría la vencida.
En la cercana Sala Stampa, numerosos periodistas de todo el mundo tecleaban en sus ordenadores sus crónicas del día. Habían sido jornadas intensas desde el fallecimiento del Papa Francisco, seguida del solemne funeral, la llegada de los cardenales a la Ciudad Eterna, más las decenas de miles de peregrinos que ya habían pagado su viaje para asistir a la canonización del adolescente Carlo Acutis –que se vio aplazada por la muerte del primer Pontífice americano de la historia– y el inicio del cónclave, con su minucioso ceremonial.
El amortiguado traqueteo de los portátiles se interrumpió de golpe a las 18:07 horas, cuando un murmullo que pronto se convirtió en griterío irrumpió en la Sala Stampa. Fumata bianca, fumata bianca!, se escuchaba por todas partes. Pocos minutos más tarde, un hombre no muy alto, pelo blanco y gafas, vestido con muceta papal roja, estola dorada, roquete y cruz pectoral, hacía su aparición en la Logia de las Bendiciones de la basílica de San Pedro.
Han pasado menos de 400 días desde aquel momento –394, para ser exactos– en el que Robert Prevost se convirtió en León XIV. Tal vez, uno de sus mayores logros en este tiempo haya sido que nadie le haya podido etiquetar con la certeza de haber atinado. Con este agustino estadounidense de 70 años de edad no sirven las etiquetas de conservador o progresista que muchos se empeñan en endosar a los Pontífices (seguramente no valgan para ninguno de ellos, pero en el caso de Prevost esto es especialmente válido).
Más de 1.400 millones de fieles
En cualquier caso, es el Papa de la Iglesia católica, religión que profesan alrededor de 1.406 millones de personas en todo el planeta. No hay organización, ni Estado, ni confesión religiosa que encabece una sola persona más numerosa en el mundo. Y hoy llega a España, un país que todavía se puede considerar sociológicamente católico.
Robert Francis Prevost Martínez nació en Chicago el 14 de septiembre de 1955, siendo el tercer hijo de Mildred Martínez (bibliotecaria) y Louis Marius Prevost (educador y veterano de la Segunda Guerra Mundial). Robert era el hijo menor, el último por detrás de John y Louis.
Los Prevost Martínez eran una familia muy apegada a los libros y a la fe. Mildred era una mujer de misa diaria, una persona enormemente implicada en las tareas de la comunidad. El suyo era un hogar donde la fe entraba a diario por la puerta. Quizá por ello se explica la vocación temprana de Robert, quien ya de niño jugaba a ser cura con sus hermanos, para quienes oficiaba misa utilizando como altar la tabla de planchar de su madre. Robert la cubría con un mantel y usaba para la comunión obleas de gominola de la marca Necco, que se vendían en tubos.
Hombre de fe, Prevost se vio seducido tras el colegio por las ciencias exactas, hasta el punto de licenciarse en Matemáticas en 1977. Ese mismo año ingresaría ya en el noviciado de la Orden de San Agustín (OSA).
Nacionalidad peruana
Siguió formándose, esta vez en la Universidad Villanova de Pensilvania, donde completó la licenciatura en Teología en 1984. Para entonces ya había emitido los votos solemnes y se había ordenado sacerdote, así que nada más licenciarse fue enviado a la misión de Chulucanas, Piura, Perú (1985-1986). Ese fue su primer contacto con el país andino, del que obtendría la nacionalidad andado el tiempo. Antes de todo ello, pudo ampliar sus estudios con el doctorado en Derecho Canónico, obtenido en el Pontificio Colegio de Santo Tomás de Aquino de Roma. Corría el año 1987.
En 1988 fue enviado a la misión de Trujillo como director del proyecto de formación para aspirantes agustinos de los vicariatos de Chulucanas, Iquitos y Apurímac. Allí fue casi todo lo que se puede ser: prior de comunidad (1988-1992), director de formación (1988-1998) y profesor de profesos (1992-1998). En la archidiócesis de Trujillo fue vicario judicial (1989-1998) e incluso profesor de Derecho Canónico, Patrística y Moral en el Seminario Mayor San Carlos y San Marcelo. De nuevo los libros y la fe, exactamente igual que en casa.
En 1999 fue elegido Prior Provincial de la Provincia Madre del Buen Consejo (Chicago), donde permaneció unos cuantos años hasta que el Papa Francisco le nombró administrador apostólico de la diócesis de Chiclayo (Perú), en noviembre de 2014. Solo un año después fue nombrado obispo y, desde marzo de 2018, era vicepresidente segundo de la Conferencia Episcopal Peruana.
El Papa Francisco le creó cardenal en 2023 y lo nombró Prefecto del Dicasterio para los Obispos. De su despedida de los peruanos queda el recuerdo de una pequeña entrevista en la que, vestido con alzacuellos y ropa negra, delante de un retrato del propio Bergoglio, reconocía con cierta nostalgia: «Me va a costar salir de aquí, dejar tantas cosas, comunidades, personas, una Iglesia que está viviendo la alegría de seguir a Jesucristo... Siempre intentaré estar cercano, seguir ese servicio de amor que he tratado de desarrollar en este tiempo y seguir adelante como misionero donde el Señor me llama».
En estos poco menos de 400 días en la Sede de Pedro, no cabe duda de que lo ha conseguido.