Cristina Ruiz-Alberdi, durante su visita a El Debate
Entrevista a la escritora y doctora Cristina Ruiz-Alberdi
«Sor Patrocinio debería ser santa; hasta su tumba en Guadalajara llegan peregrinaciones del mundo entero»
La «monja de las llagas» fue la religiosa más célebre del siglo XIX y, sin duda, la más vilipendiada. Una nueva biografía rescata su fascinante figura
El nombre de Sor Patrocinio va ligado a intrigas palaciegas, estigmas, persecuciones, milagros, rencillas, persecuciones y una posible santidad. Porque la vida de María Josefa de los Dolores Anastasia de Quiroga Capopardo (Cuenca, 1811 - Guadalajara, 1881), que así se llamaba la religiosa española más célebre de todo el siglo XIX, estuvo trufada de los episodios más variopintos e inverosímiles. La 'Monja de las llagas' fue consejera de Isabel II, y su extraordinaria belleza fue, paradójicamente, una cruz para ella.
Cristina Ruiz-Alberdi (San Sebastián, 1954), doctora en Educación por la Universidad Complutense de Madrid, casada y madre de siete hijos, lleva cuatro décadas dedicada a estudiar la fascinante figura de la religiosa concepcionista franciscana muerta en olor de santidad, aunque también bajo la sombra de la polémica. Ha plasmado todos sus investigaciones en Sor Patrocinio. Biografía de una monja extraordinaria e incómoda (editorial Almuzara).
– Pero biografías sobre Sor Patrocinio ya hay unas cuantas...
– Sí, pero la idea es que se la conozca a ella, porque, aparte de que se ha hecho de ella un personaje ficticio con una leyenda negra, en donde hay tanta trama política, tantos enemigos, tantos políticos, que al final no nos paramos a ver cómo era ella como mujer, como persona, como religiosa de clausura. La idea de este libro –porque, efectivamente, hay muchas biografías de la Madre Patrocinio, por ejemplo las de Ricardo de la Cierva, Javier Paredes y otros grandes catedráticos de Historia, y han hecho muy buenas investigaciones– es que me faltaba la parte espiritual y humana de ella. ¿Cómo era en el día a día?
– ¿Y cómo era ella?
– Pues era una mujer buena. Me encanta decir la palabra buena. Era buena persona. Muy silenciosa. De hecho, nos ha complicado un poco la vida a los que trabajamos para esta causa de beatificación, porque nunca se defendió de nada, nunca criticó a sus enemigos ni los culpó. Ella vivía más en el cielo que en la tierra, porque desde niña fue confidente de la Virgen, que esto también es una característica de ella, que creo que tiene más importancia de la que se le ha dado.
Para mí tiene una categoría como los niños de Fátima o Santa Bernardette en Lourdes. Era una niña callada, introvertida –en el sentido de mucha vida interior–, con una madre que nunca la quiso. Entre la hermana y la madre le amargaron un poco la niñez, y ella se refugió mucho en la Virgen. La Virgen aparece como la madre que la cuida, y ella ya hace un compromiso con Dios desde niña de dedicarse a Él.
Portada del libro de Cristina Ruiz-Alberdi
Lo que pasa es que era muy guapa. Esto le complicó un poco la vida. Ricardo de la Cierva llegó a decir que fue la mujer más guapa del siglo XIX en Europa. Ella quería ser monja de clausura, pero la madre se quedó viuda, y económicamente estaba mal. La madre se codeaba un poco con la aristocracia madrileña por parentesco. Claro, era un puntazo casarse con alguien que mejorase la propia situación económica.
Y aquí aparece el personaje Salustiano Olózaga, que estaba obsesionado por ella. Es curioso porque la vio una vez, cuando tenía 15 años, y se quedó loco por ella. El problema se plantea cuando cumple los 18 y quiere ser monja de clausura. Entonces ella busca una orden, y la orden puntera, por así decirlo, en el Madrid de ese momento eran las madres Concepcionistas Franciscanas de Caballero de Gracia.
La madre lo toma fatal, y Olózaga, peor. Sor Patrocinio ya había tenido mucha persecución del demonio, personaje al que tampoco podemos perder de vista. Ella luego lo explicaría muy bien en su obra y en sus cartas: la amenazaba, la tiraba por las escaleras, la agarraba por la noche... En fin, es una niña que no entiende nada de lo que le está pasando y, justo cuando entra en Caballero de Gracia, le aparece el primer estigma.
Primeros estigmas
– Lo cual, claro, lo empeora todo...
– A esta pobre chica, que no entendía nada, le empiezan a salir las llagas de Cristo. Es la situación ideal para que Olózaga y la madre se unan: ¿Qué está pasando en ese convento? Ahí están pasando cosas raras. Además, tenía frecuentes apariciones de la Virgen. Hay una muy importante que es el 13 de agosto de 1831. Allí tiene un éxtasis donde ve a la Virgen, a Jesucristo y al Arcángel San Miguel sujetando una estatua de la Virgen, una imagen pequeñita, como la de el Pilar y le dice: A esta devoción le vas a poner el nombre de 'Olvido', porque se han olvidado de mí los hombres, pero yo triunfaré.
Empiezan a ocurrir milagros, curaciones; todo eso, en un Madrid que era un pueblo. Se empieza a saber qué está pasando ahí dentro. Olózaga empieza a actuar. La sacan del convento, pero la sacan como a un delincuente, con la policía, y la llevan a un piso. Se sabe la dirección, se sabe todo; y ahí hay un médico y un juez. El médico le cose las llagas con puntos y, según, la cosen, sale más sangre. Cuanto más cosían, más chorros de sangre.
Cristina Ruiz-Alberdi
Como se les complica la situación, la ingresa en un centro de rehabilitación de prostitutas. Ahí está un tiempo y ya después la dejan ir a un convento de su orden, hasta que empieza la Desamortización de Mendizábal.
– Otro masón, como Olózaga...
– Así es. Fundó el Partido Progresista, y llegó a ser Presidente del Consejo de Ministros. Y por aquí aparece el personaje de Isabel II, que es importante en la vida de la madre Patrocinio, ya que le conllevó muchos problemas. La conoció cuando la futura reina era todavía una niña, y se queda prendada de ella. Era como que necesitaba esa ayuda espiritual con todos los problemas que tiene Isabel II, de soledad, en su matrimonio, de estar en manos de políticos que hacen con ella lo que quieren.
Y esa cercanía, claro, le trae muchos problemas. Hay un atentado contra la Reina y culpan a la madre Patrocinio. ¡Una cosa absurda! ¿Una monja de clausura va a salir a poner una bomba por la noche a la Reina? De hecho, ya se sabía quién había sido, pero se la quieren quitar de en medio. Les molesta mucho. Piensan que todas las decisiones políticas de la Reina las toma por lo que la Madre dice.
La mandan a Roma, pero la dejan en Hendaya con lo puesto, vestida de calle, con otra religiosa, su hermano –uno que siempre la ayudó–, su mujer y la hermana de la mujer. Empiezan los viajes, las penalidades, hambre, frío, durmiendo en pensiones de mala muerte, vigiladas por la policía. Hay dos muertes por pulmonía: la religiosa que la acompaña y la cuñada de su hermano.
Por fin llega la Década Moderada al Gobierno y pueden regresar a España. Cuando había un cambio de ministro, la mandaban a otro convento de España diferente. Iba siempre de un lado a otro.
Sor Patrocinio, con su inseparable imagen de la Virgen
– Ha citado usted la causa de beatificación. ¿Por qué está parada, y por qué cree usted que Son Patrocinio es santa?
– Sí, creemos que debe ser santa. Primero porque era una mística, porque siempre aceptó la voluntad de Dios completamente. Fundó muchísimos conventos, reformó la orden y, convento al que iba, a los dos meses entraban 30 novicias... Todos los que la conocieron coinciden en señalar que era de una ternura y de una santidad inmensas, con grandes dones espirituales y virtudes en grado heroico. Sus estigmas, esos viajes, esos destierros, esas penalidades, el hambre... Pero ella, siempre pendiente de los pobres. Adonde iba, daba de comer a toda la zona que rodeaba los conventos, creaba escuelas para niñas pobres...
– Está claro que tuvo muchos enemigos, pero, ¿los sigue teniendo en la actualidad?
– Los tenía por todas partes, pero concretamente, hubo dos sacerdotes que le hicieron la vida bastante imposible. Uno de ellos incluso hizo un informe que está en el Vaticano. Hay mucha calumnia por ahí; hay informes que yo creo que ya se podrían remover, que se podrían levantar porque no tienen sentido.
La culparon de haber mantenido relaciones con el Padre Claret. ¡Con San Antonio María Claret! Se inventaban unas cosas... ¡No le vio en su vida, nunca le vio la cara a San Antonio María Claret! Yo creo que la historia tiene una deuda con ella.
– ¿La veremos subir a los altares?
– Es muy importante el clamor popular. Piensa que, ahora mismo, en Guadalajara, donde está la escultura auténtica de la Virgen –la que encontraron después del éxtasis en el convento–, que es también donde están los restos de ella, llegan peregrinaciones del mundo entero. De aquí a unos años, esto puede ser como Fátima o como Lourdes, porque la gente llega de todas partes. Las monjas, las concepcionistas franciscanas de Madrid, de Guadalajara y de otros muchos conventos, están todo el día mandando reliquias, estampas, imágenes a América, a Canadá, a todas partes.