Fundado en 1910
El cardenal Cobo, durante la misa en la parroquia de Santo Domingo de la Calzada

El cardenal Cobo, durante la misa en la parroquia de Santo Domingo de la CalzadaArchimadrid

El cardenal Cobo, en el barrio más pobre de Madrid: «Dios no reparte su gracia según el código postal»

«Después de tantos golpes, de tantas promesas incumplidas, de tantas decepciones, uno levanta los muros y se endurece para no sufrir más», afirmó el purpurado en la misa que celebró en la Cañada Real

El cardenal José Cobo ha visitado esta mañana la parroquia de Santo Domingo de la Calzada, ubicada en la Cañada Real, una de las barriadas más deprimidas de la capital. Durante la misa que celebró, el arzobispo de Madrid señaló que «aquí contemplamos la verdad de nuestro mundo; nos ayudáis a descubrir un mundo donde convive el sufrimiento y la esperanza, el esfuerzo silencioso de tantas familias y el deseo de una vida mejor». «Aquí vive Cristo, aquí vive, reza y crece una comunidad cristiana, que es el rostro de Jesús en medio de la Cañada», ha agregado, según recoge el portal del arzobispado de Madrid.

«En la Eucaristía todos formamos una sola familia, estemos donde estemos», afirmó el arzobispo. En el Evangelio del día destacó que Jesús «no esperó a que fuera alguien a buscarle, él fue donde estaba la gente, donde estaba la vida, donde estaban las esperanzas y las heridas de las personas. También hoy Jesús se acerca a la Cañada, a nuestras familias, a quienes viven la enfermedad, el desempleo o la exclusión y donde otros ven pobreza o abandono, Jesús lo que ve son hijos e hijas de Dios, que son llamados a la esperanza».

Nadie queda excluido del amor de Dios

En la parábola del sembrador, el cardenal Cobo enfatizó que «el Evangelio siempre empieza por lo que Dios hace, antes que por nuestros límites o nuestras dificultades». Un sembrador, recordó, «que no selecciona el terreno antes de sembrar», que «esparce la semilla por todas partes», aunque a algunos les parezca locura o imprudencia. Y es que «Dios es así, no calcula dónde amar más o menos. No reparte su gracia según el código postal, la nacionalidad, la situación administrativa, la economía o la historia de cada uno. Nadie, nadie queda excluido de su amor».

En el Evangelio, antes que tener que dar fruto, «Dios sigue confiando en cada uno de nosotros, antes incluso de que demos fruto. Todo empieza por esa confianza», hizo ver el arzobispo. Frente al hecho de que «muchas personas han escuchado demasiadas veces que ya no sirven, que no valen, que nunca cambiarán las cosas, incluso han escuchado que son un problema», mostró que «hoy el evangelio dice exactamente lo contrario, y queremos proclamarlo desde aquí. Dios sigue creyendo en vosotros, y quiere devolveros la esperanza que nadie os puede arrebatar».

Refiriéndose a los tipos de terreno de los que Jesús habla, el arzobispo dijo que «hay momentos en que nuestro corazón se endurece. Después de tantos golpes, de tantas promesas incumplidas, de tantas decepciones, uno levanta los muros y se endurece para no sufrir más», y así, «la Palabra de Dios rebota y uno se vuelve ácido y escéptico». También, a veces recibimos el Evangelio con mucha alegría, pero «los problemas, las preocupaciones, la falta de trabajo, la enfermedad, las adicciones, los conflictos familiares y la esperanza se va secando demasiado pronto, tiramos la toalla y no cuidamos la semilla».

También habló de las zarzas, «que enredan, que hacen daño al que se acerca», como es la violencia, el dinero fácil, aunque sea a costa de la salud y de la vida de otros, el miedo, la desesperanza, el resentimiento, la soledad, o la tentación de dejar de ser buenos». Pero Jesús, destacó el cardenal, «termina hablando de la tierra buena que todos nosotros llevamos dentro, sin excepción», pues «el Evangelio quiere decirnos que cualquier tierra puede llegar a ser fértil cuando se deja trabajar por Dios». Una buena tierra que «se prepara entre todos», como se hace en esta y en tantas parroquias.

Acompañar al que cae

Una parroquia que está «para anunciar la Buena Noticia en medio de la Cañada, para sembrar esperanza, para acompañar al que cae, para defender la dignidad de cada persona y crear fraternidad donde otros levantan fronteras o dicen que no hay remedio, para recordar que nada ni nadie está definitivamente perdido». Dado que nadie da fruto solo, recordó que «para dar fruto en la Cañada y en tantos lugares como este, necesitamos que las administraciones públicas dejen a un lado diferencias y unan esfuerzos para responder a vuestras realidades». Para ello pidió que las administraciones públicas cojan «los aperos del diálogo y la búsqueda creativa del bien común», recordando las palabras del Papa en el Congreso de los Diputados.

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas