Fundado en 1910

El Papa afronta la primera gran crisis de su pontificado: en principio no le quedará más remedio que excomulgar a los rebeldes

Desde 1988, la Sociedad ha crecido significativamente en número y en presencia internacional. Especialmente en Occidente (Francia en particular), atrae a un número creciente de jóvenes (véase, por ejemplo, la peregrinación anual de Chartres a París), mientras que la Iglesia Católica en general parece estar en crisis entre ese grupo de edad. Es, por lo tanto, la fuerza de la FSSPX: por eso proceden con las ordenaciones ilícitas. Se trata de un pulso en toda regla al Papa

El padre Davide Pagliarani, en el centro, superior general de la FSSPX

El padre Davide Pagliarani, en el centro, superior general de la FSSPX

La Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX), fundada en 1970 por el arzobispo Marcel Lefebvre (1905-1991), procederá hoy a la ordenación de cuatro nuevos obispos sin la preceptiva aprobación del Papa León XIV. La ceremonia tendrá lugar a las 9:00 horas en Écône, Suiza, sede histórica de esta congregación religiosa, que siempre ha mantenido una postura muy crítica hacia la evolución de la Iglesia Católica desde el Concilio Vaticano II, especialmente en lo referente a la reforma litúrgica. El 30 de junio de 1988, el arzobispo Marcel Lefebvre dio un paso similar e inédito al ordenar a cuatro obispos en contra de los deseos de Juan Pablo II.

Al igual que en 1988, la Santa Sede debería pronunciar al día siguiente una excomunión que afectará especialmente a los nuevos obispos y a los que hayan realizado su consagración episcopal. Para Roma, este acto abre de hecho la puerta a una situación cismática. Estas dos sanciones altamente probables, «excomunión» y declaración de «cisma», son formalmente impugnadas por la FSSPX. Sus representantes, empezando por su superior, el padre Davide Pagliarani, alegan su «fidelidad» al Papa y justifican este gesto por un estado de «necesidad» para sus fieles.

La FSSPX cuenta con aproximadamente 600.000 fieles en todo el mundo, incluyendo 100.000 en Francia, aunque otras fuentes sugieren la mitad. Su vida espiritual, como la del resto de congregaciones, requiere sacerdotes, por lo que se necesitan nuevos obispos para ordenarlos. La edad actual de los dos obispos de la Fraternidad (el español Alfonso de Galarreta y el suizo Bernard Fellay) ronda los 68 años, mientras que el promedio de la edad de los cuatro nuevos obispos es de alrededor de 44 años. El mayor, el suizo Pascal Schreiber, nació en 1972. El más joven, el francés Marc Hanappier, nació en 1990. Michel Poinsinet de Sivry, otro futuro obispo, también es francés. Michael Goldade nació en Estados Unidos.

Para la FSSPX, el estado de «necesidad» también abarca la salvaguarda de la «verdadera Iglesia Católica», como afirmó el arzobispo Lefebvre. Se opuso al Concilio Vaticano II (1962-1965), en el que participó y firmó todos los documentos, antes de distanciarse de él en la década de 1970 a la luz de las consecuencias pastorales de dicho concilio. La FSSPX afirma tener aproximadamente 1.500 miembros, entre ellos dos obispos, 735 sacerdotes, 264 seminaristas, 145 hermanos, 88 oblatos y 250 hermanas. Vive de forma autónoma gracias a las donaciones de sus fieles y está presente en unos sesenta países, especialmente en Francia y Estados Unidos (donde reside un tercio de los seminaristas), con numerosas obras, entre ellas 94 escuelas independientes. Sin ir más lejos, su seminario Santo Tomás de Aquino, en Virginia, Estados Unidos, cuenta con 250 plazas, y suele estar lleno.

Con todo, conviene situar estas estadísticas en el contexto de la Iglesia Católica: el tamaño de la FSSPX corresponde al de una pequeña orden religiosa. En comparación, los jesuitas, salesianos o franciscanos cuentan aproximadamente con alrededor de 16.000 miembros cada uno.

Hasta aquí, el escenario. En cuanto a lo que está en juego, el vaticanista Giuseppe Rusconi, preguntado por El Debate, señala que «existen diferencias importantes entre ambas situaciones. Marcel Lefebvre era un conocido arzobispo católico, muy apreciado por su extensa labor misionera en África. Durante el Concilio Vaticano II, ya se había erigido como un opositor intransigente de algunas de las reformas aprobadas por amplia mayoría, como las relativas a la liturgia y la colegialidad, así como del nuevo impulso ecuménico y la afirmación de la libertad religiosa». Además, prosigue, «Lefebvre gozaba de un importante apoyo en la Curia romana, lo que le permitió evitar la excomunión hasta el 30 de junio de 1988, fecha en la que ordenó ilícitamente a cuatro obispos, a pesar de los grandes esfuerzos de Juan Pablo II y el cardenal Joseph Ratzinger por llegar a un acuerdo. Eran, además, los años de un periodo turbulento en el ámbito eclesial, el periodo posconciliar».

Segunda diferencia, según Rusconi, «Eran, en 1988, aun tiempos turbulentos, incluso dentro del ámbito eclesial, el período posterior al Concilio Vaticano II. En el momento del cisma, la nueva Sociedad Sacerdotal de San Pío X aún era numéricamente modesta y carecía de alcance global. Para llegar a la actualidad, el padre Davide Pagliarani, superior de la Sociedad, no es obispo y, por lo tanto, no podría ordenar la consagración de otros obispos. Ciertamente, goza de menos prestigio que el arzobispo Lefebvre».

«Sin embargo, desde 1988, la Sociedad ha crecido significativamente en número y en presencia internacional. Especialmente en Occidente (Francia en particular), atrae a un número creciente de jóvenes (véase, por ejemplo, la peregrinación anual de Chartres a París), mientras que la Iglesia Católica en general parece estar en crisis entre ese grupo de edad». Es, por lo tanto, la fuerza de la FSSPX: por eso proceden con las ordenaciones ilícitas. Se trata de un pulso en toda regla al Papa.

De ahí que se pueda concluir, sin arriesgarse demasiado, que León XIV afronta la primera gran prueba de su pontificado. «León XIV, agustino», explica Rusconi, «sabe lo que significa un cisma, también porque Martín Lutero fue agustino. Es de naturaleza tranquila, busca estimular el razonamiento y con frecuencia enfatiza la necesidad de unidad de la Iglesia (algunos se aprovechan de esto, especialmente en la izquierda católica, véase, por ejemplo, los católicos alemanes). Su estilo pretende ser dialogante».

Un estilo, plasmado en su carta apelación, publicada en la fiesta de los santos Pedro y Pablo, que «es un último intento desesperado por llamar a la Fraternidad a la cordura. Sin embargo, el problema no es simplemente una cuestión de disciplina canónica. La 'misa en latín' de Ecône no es simplemente una misa en latín (como a veces se cree erróneamente), sino mucho más, y socava profundamente las decisiones del Concilio Vaticano II sobre este tema». ¿Por ejemplo? «Es un 'no' al ecumenismo y a la libertad religiosa y haría retroceder a la Iglesia Católica a los años preconciliares, pero hoy, hacer realidad tal hipótesis, significaría marginar por completo a la Iglesia, reduciéndola a una secta cruzada. León XIV es plenamente consciente de todo esto. No puede ceder. Y por eso, lamentablemente, el 1 de julio de 2026 sancionará un cisma que objetivamente parece difícil de resolver».

A menudo calificados de «integristas», epíteto que ellos rechazan, los miembros de la FSSPX, apodados «lefebvristas», no deben confundirse con los «tradicionalistas», movimiento surgido de la ruptura con monseñor Lefebvre en 1988, quienes se habían negado a seguir en su «desobediencia» al Papa durante las ordenaciones episcopales de 1988.

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