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Las HAM, con su fundadora en el centro

Las HAM, con su fundadora en el centro

«En lugar de responder con humildad y obediencia, las HAM se han mantenido en unas dinámicas sectarias»

El estudioso Luis Santamaría del Río defiende que, «posiblemente, la supresión de las Hijas del Amor Misericordioso» decretada ayer por el arzobispado de Madrid «haya sido la única medida posible»

Tenían vocaciones, dinamismo apostólico y vida sacramental y de oración. Aparentemente, todo parecería ortodoxo, pero no lo juzga así el arzobispado de Madrid, que ayer decretó la supresión de la asociación pública de fieles «Hijas del Amor Misericordioso», comúnmente conocidas como «las HAM».

«Posiblemente, su supresión haya sido la única medida posible, el último recurso del arzobispo de Madrid frente a un grupo que, en lugar de responder con humildad y obediencia evangélica al intento de corrección, se ha mantenido en unas dinámicas sectarias que van contra los derechos humanos y los principios cristianos», sentencia con rotundidad Luis Santamaría del Río, experto en sectas e investigador de la Red Iberoamericana de Estudio de las Sectas (RIES).

Según ha revelado el estudioso a El Debate, «el comunicado de ayer del arzobispado de Madrid indica que se le dio a la asociación un tiempo prudencial para posibilitar su renovación y corrección y, como por desgracia era previsible, el cambio no se ha dado».

Los principales errores de las HAM

Según Luis Santamaría del Río, los puntos más conflictivos en los que habrían caído las Hijas del Amor Misericordioso son:
  • El papel central de la superiora (María Milagrosa Pérez Caballero, Marimí), a modo de gurú. «Es la 'voz de Dios' para sus seguidores; su voluntad es indiscutible», afirma.
  • ​Captación de jóvenes en situaciones de vulnerabilidad con una importante presión emocional y manejando una fuerte dosis de miedo (a las asechanzas del demonio, la condenación eterna, los últimos tiempos...).
  • ​Inculcar el sentimiento de que se trata de una élite de creyentes, el grupo de los escogidos en estos últimos tiempos, en medio de una Iglesia que habría abandonado la fe verdadera.
  • ​Hacer romper (a las jóvenes «consagradas» especialmente) los vínculos familiares y de amistad anteriores, para lograr una mayor retención e imposibilidad una elección plenamente libre de su estilo de vida. El discernimiento lo hace única y exclusivamente Marimí, que tiene hilo directo con Dios.
  • ​Algunos exmiembros apuntan a prácticas espirituales en las que cabría perfectamente lo que ahora se denomina falso misticismo, con posibles abusos sexuales.

«En mi labor desinteresada, llevo años ayudando lo poco que puedo no sólo a una cantidad ingente de familias que acuden desesperadas por la captación de uno de sus miembros por sectas sino, también, a no pocas familias que viven un drama parecido por la entrada de un familiar en alguna entidad aprobada por la Iglesia católica... Entre ellas, algunas familias de las HAM», ha explicado Santamaría a este periódico.

Sin embargo, el experto añade otro dato inquietante: «Cuando les digo que cuenten lo que están pasando (si no lo han hecho antes de hablar conmigo) a las autoridades eclesiásticas, ya sea a nivel diocesano o a la Santa Sede, se encuentran con silencio, incomprensión o, en el mejor de los casos, una leve empatía y palmaditas en la espalda, pero nada más».

¿Hay un plan para los exadeptos?

¿Se ayuda realmente a las víctimas que caen en estos grupos? El experto muestra sus reservas: «Me pregunto si en ese tiempo prudencial la propia diócesis no ha conseguido organizar y prever todo un itinerario y protocolo de sanación y ayuda integral a las víctimas directas, más allá de esas bonitas palabras finales de disponibilidad, cercanía, acogida y apoyo». «¿Existe ese plan? ¿A qué sacerdotes, psicólogos y otros profesionales se ha previsto, liberado o pagado para que, desde las 9 de la mañana de hoy, estén realmente disponibles para una labor ardua y complejísima de acompañamiento tras un infierno de abuso psicológico y espiritual?», cuestiona Santamaría. Y prosigue: « ¿Qué casas de la Iglesia tiene disponibles el arzobispado de Madrid para que, esta misma noche, puedan ir algunas exadeptas con su maleta (si es que tienen algo), y qué dinero para que puedan comprar ropa que no sea ese supuesto hábito?».

Por otro lado, Luis Santamaría señala otro fleco de este asunto que concierne a las HAM: «No sólo era una asociación de fieles aprobada por el arzobispado, sino que se trataba de una asociación 'pública', es decir, erigida por la autoridad eclesiástica competente (CIC 301), frente a las privadas, que son las que surgen, por decirlo así, desde abajo». Las Hijas del Amor Misericordioso, fundadas en 1983 por el sacerdote jesuita Antonio Mansilla Casas (1926-2004), se erigieron como asociación pública de fieles en 2007, bajo el entonces arzobispo de Madrid, el cardenal Antonio María Rouco Varela. Al igual que todos los grupos que inician su recorrido apostólico, lo hicieron ad experimentum, que es el periodo que la Iglesia estipula para comprobar que una nueva obra está realmente inspirada por el Espíritu Santo.

«Hay una responsabilidad grave que incluso podría llegar a negligencia si, como parece, no se han tenido en cuenta todos los elementos de alarma que había en torno a las HAM desde hace demasiado tiempo», concluye el experto en sectas.

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