Fundado en 1910
Monseñor Ginés García Beltrán, con la alcaldesa y un agente

Monseñor Ginés García Beltrán, con la alcaldesa y un agenteDiócesis de Getafe

Una misa en medio de la desolación

El obispo de Getafe celebra la eucaristía en Villa del Prado (Madrid) tras la tragedia del fuego

Pocos días después de que los incendios de la Comunidad de Madrid arrasaran gran parte de la Sierra Oeste y pusieran en jaque incluso a los vecinos de algunos municipios, el obispo de Getafe, monseñor Ginés García Beltrán, ha llevado su solidaridad a Villa del Prado. Es una de las localidades más afectadas, que ha visto cómo, en apenas una semana, ardían el monte y el pinar. Las llamas alcanzaron numerosas viviendas de la urbanización El Encinar del Alberche y llegaron incluso al casco urbano.

García Beltrán fue recibido por la alcaldesa del municipio, Belén Rodríguez, quien, junto a la Policía Local, mostró al obispo las consecuencias de los incendios, que han dejado desolada gran parte de la zona.

Después, el obispo celebró la eucaristía en la iglesia de Santiago Apóstol, en la que participaron decenas de vecinos, agradecidos por la visita tras el infierno vivido días atrás. «He querido venir a celebrar esta tarde la eucaristía aquí con vosotros para hacerme presente, para hacerme cercano después de la tragedia que habéis vivido estas semanas pasadas con el incendio, que ha afectado de un modo tan importante a este pueblo y a vosotros, a vuestras casas y a vuestros negocios», dijo al comenzar la homilía.

Monseñor Ginés García Beltrán ha quedado impactado al comprobar la devastación provocada por el fuego

Monseñor Ginés García Beltrán ha quedado impactado al comprobar la devastación provocada por el fuegoDiócesis de Getafe

El obispo de Getafe añadió que su visita «no es más que compartir con vosotros lo más grande que tenemos, que es el don de la fe que celebramos cada día, especialmente cada domingo en la eucaristía». «Un agradecimiento muy profundo a todas las personas que han acogido a quienes habían sido evacuados porque sus casas corrían peligro. Gracias de corazón. Que el Señor os lo pague. En estos momentos de dificultad es donde aparece lo mejor del corazón humano, la mayor solidaridad», ha añadido.

El obispo continuó la homilía hablando de la solemnidad de Nuestra Señora de los Ángeles, patrona de la diócesis, cuya ermita se encuentra en el Cerro de los Ángeles y cuya festividad se celebra cada 2 de agosto.

«Aquí, en Villa del Prado, el rostro de la Virgen tiene el nombre de Poveda, pero, al fin y al cabo, es la Virgen. Las distintas advocaciones marianas no representan más que la riqueza del rostro, de la vida y del servicio a la salvación de los hombres de la Madre del Señor, que es también nuestra Madre. Algunas veces os he dicho, y lo siento en lo más profundo de mi corazón, que aquel pueblo, aquella parroquia, aquella comunidad que quiere a la Virgen siempre será cristiana».

Tres rasgos de la Virgen

A continuación, monseñor Ginés García Beltrán presentó tres rasgos de la Virgen, «iluminados por la Palabra del Señor que acabamos de escuchar».

En primer lugar, «en el Evangelio aparece una mujer de fe, una mujer que se fía del Señor, que se abandona, que no entiende nada, pero confía. En Nazaret, en aquel momento, se da la mayor grandeza de la Virgen: ser madre».

«María es, ante todo, madre. De hecho, en la vida de la Iglesia, la primera denominación que recibe, como la reconocen los primeros cristianos, es la de Madre de Dios. Cuando algunos negaban la maternidad divina de María, el Concilio de Éfeso declaró dogma de fe que María es la Madre de Dios».

«Este es el secreto: que, a lo largo de tantas generaciones, en cualquier lugar donde está la fe cristiana, María es la Madre. La Madre a la que todos acudimos. ¿Quién de los que estamos aquí no ha acudido, no una, sino millares de veces, a la Virgen para darle gracias, compartir alegrías, pedirle ayuda o poner en sus manos nuestros sufrimientos, nuestras enfermedades o la muerte de nuestros seres queridos? María es madre. Y este es el título más hermoso».

«¿Os habéis imaginado qué sería de esta parroquia, de este pueblo, sin la Virgen? Nada. Sería un pueblo más. La Virgen de la Poveda da identidad a este pueblo. La Virgen de la Poveda une a este pueblo», ha señalado. «Mirad vuestro corazón y ved cuántas veces, durante el incendio, habéis pensado en la Virgen y le habéis pedido: «Madre mía, Señora de la Poveda, que esto no vaya a más»».

En segundo lugar, «lo tomo del Libro de los Hechos. Cuando el Señor asciende al cielo y ellos vuelven al Cenáculo, dice que estaban reunidos en oración. Estaban los apóstoles, las mujeres y también la Madre de Jesús. Es decir, que María, para la vida cristiana y para el pueblo cristiano, es compañía».

Sobre ello explicó que «es la que siempre camina a nuestro lado. Es aquella con la que puedo hablar habitualmente, a la que puedo susurrar una oración o el rosario. María es esa compañía que da luz cuando hay oscuridad, fortalece cuando hay debilidad y sana cuando hay herida».

En tercer lugar, «es la que nos mostraba el Libro del Génesis. Aquella escala que iba de la tierra al cielo y del cielo a la tierra, donde Jacob lucha con Dios. La espiritualidad y la tradición cristiana han visto también en esa escala la figura de la Virgen María. Ella es esa escalera que nos lleva al cielo, la que nos acerca al Señor. María, en definitiva, es la puerta del cielo».

«Seguro que lo sabéis: habéis visto que, aquí en la Poveda y en tantos otros lugares, la Virgen está en un camarín. ¿Sabéis qué significa ese camarín abierto a la iglesia? Significa la puerta del cielo. Y María es quien, detrás de esa puerta, nos llama diciendo: 'Aquí está vuestra Pascua definitiva'».

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas