Fundado en 1910
San John Henry Newman (Londres 1801 – Birmingham 1890)

San John Henry Newman (Londres 1801 – Birmingham 1890)

Cuando Newman fracasó en su sueño de crear la Universidad Católica de Irlanda

«Nadie en quien confiar» es el elocuente título de la obra inédita del cardenal británico –recién publicada en España–, que se vio obligado a abandonar su proyecto educativo por las injerencias del obispado irlandés

«Lo que pretendía ser la plasmación de su noble ideal educativo se transformó, a lo largo de siete años, en un tortuoso laberinto de burocracia, silencios eclesiásticos y choques de poder». Así se explica desde la editorial Encuentro la trama de Nadie en quien confiar, el último libro que acaba de publicar de San John Henry Newman (Londres 1801 – Birmingham 1890) que recoge un memorando inédito durante décadas donde el pensador británico detalla sus desencuentros con el episcopado irlandés.

El mar de fondo lo provocó la Universidad Católica de Irlanda, un proyecto que el brillante intelectual y futuro cardenal John Henry Newman aceptó fundar y presidir en 1851. Pero pronto, como ocurre con demasiada frecuencia en algunos ámbitos de la Iglesia, las ambiciones humanas, envidias y desavenencias terminaron por dar al traste con el centro educativo.

Nadie en quien confiar recupera el memorando definitivo redactado por Newman en 1873 para dar su versión de aquel estrepitoso y doloroso fracaso. «Con una prosa fluida, irónica y pragmática, el autor desgrana sus constantes desencuentros con el arzobispo Paul Cullen y la jerarquía católica, motivados principalmente por una convicción inquebrantable: los laicos deben ser el pilar fundamental del gobierno y las finanzas universitarias frente al clericalismo imperante», explican desde la editorial.

La portada del último libro del cardenal Newman

La portada del último libro del cardenal NewmanEncuentro

«Lo que yo pienso que es la verdadera y grave causa del distanciamiento, los celos, la desconfianza y el rechazo con respecto a mí y a mis obras fue el deseo que yo tenía de convertir a los laicos en un poder fundamental dentro de la universidad», llegó a escribir el santo inglés canonizado por el Papa Francisco. Esta visión sobre el laicado fue lo que le valió ser considerado como pionero del Concilio Vaticano II, que comenzaría alrededor de un siglo después.

Siete años de rectorado

Newman llegó a desempeñar el cargo de rector de la Universidad Católica de Irlanda entre 1851 y 1858, cuando la situación se volvió ya insostenible. Casi dos décadas después puso negro sobre blanco el memorando, que no fue una justificación pública al estilo de la Apologia pro Vita Sua, sino una memoria privada reservada a sus albaceas para defender su legado frente a eventuales tergiversaciones históricas.

El marco sociocultural de la erección de la universidad estuvo marcado por la dominación británica y la polarización política. En 1845, sir Robert Peel promovió la Queen's University of Ireland, red aconfesional creada para evitar que los católicos acudieran al anglicano Trinity College. Roma reaccionó calificando las Queen’s Colleges de «peligrosas para la fe» e instó a fundar una universidad católica según el modelo de Lovaina. Pío IX envió a Paul Cullen en 1847 a la sede primada de Armagh y, en 1852, a la archidiócesis de Dublín.

Un gran centro católico

Newman asumió la llamada episcopal creyendo obedecer un mandato papal directo para erigir una gran universidad católica de habla inglesa. «Sin embargo, desconocía que la meta de Cullen no era la excelencia académica universal, sino apaciguar disputas entre prelados e implantar la 'romanización' eclesial», detalla la editorial.

El 12 de noviembre de 1858, siete años después de su nombramiento, Newman presentó su dimisión irrevocable como rector. «Aunque la Universidad Católica de Irlanda no logró consolidarse materialmente en aquel tiempo, el balance histórico del memorando demuestra que su fracaso práctico representó un triunfo doctrinal de incalculable alcance», valora la editorial. «Las reflexiones redactadas sentaron las bases imperecederas de la filosofía educativa universitaria católica, rescataron la autonomía de las ciencias, fundamentaron la importancia del modelo de college e influenciaron decisivamente las enseñanzas del Concilio Vaticano II sobre el papel de los laicos en la Iglesia», concluye.

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