Fundado en 1910
Salomé ayuda a María a bañar al niño

Salomé ayuda a María a bañar al niño

Tierra Santa

Salomé, la partera incrédula de la Virgen, cuya tumba lleva oculta 40 años y está llena de secretos

Mientras la Autoridad de Antigüedades de Israel preparaba la cueva de Salomé para mostrarla al público, los arqueólogos descubrieron un gran patio cuyas losas y mosaicos indican que perteneció a una rica familia judía

En el protoevangelio de Santiago, no aceptado como canónico por la Iglesia, su autor habla de una partera que ayudó a María a dar a luz aquella noche en Belén. Su nombre sería Salomé, pero no es la misma que según la Biblia pidió que se le cortase la cabeza a Juan el Bautista. Esta era hija de Herodias, la esposa de Herodes Filipo I. Tampoco ha de confundirse a Salomé, la partera, con la que aparece en el Nuevo Testamento, seguidora de Jesús e identificada como la madre de Santiago el Mayor y Juan Evangelista.

Ninguno de los cuatro Evangelios sinópticos menciona a una supuesta comadrona que habría estado junto a María en el momento del parto. No obstante, su figura es recurrente en los apócrifos. Dice la tradición que cuando la Virgen y san José estaban llegando a la muralla de Belén, comenzaron los dolores del parto y corrieron a refugiarse en una cueva en plena naturaleza. José fue hasta la ciudad a pedir ayuda, pero para cuando la encontró y regresó a la gruta con la matrona, María ya estaba amamantando a Jesús. Estaban rodeados por una nube luminosa, lo que hizo que la partera creyera lo que José le había contado.

La supuesta tumba de Salomé

La supuesta tumba de SaloméAFP

Cuando regresó a su casa, le contó a su amiga Salomé lo que había visto. La continuación del relato parece indicar que ambas tenían la misma profesión. Salomé no creyó lo que su íntima le contaba, que una mujer virgen había dado a luz a un hijo. Decidió entonces ir a verlo con sus propios ojos. Su incredulidad hizo que su mano quedase congelada, pero un ángel bajó a la cueva de Belén y le dijo que acariciase al niño si tenía fe en él. Con solo rozarlo, Salomé no solo fue sanada, sino que también ganó la fe. La partera incrédula, de no ser un personaje legendario, sería la primera persona en convertirse frente a Jesús.

Mientras la Autoridad de Antigüedades de Israel (AAI) preparaba la cueva de Salomé para mostrarla al público, los arqueólogos descubrieron un gran patio cuyas losas y mosaicos indican que perteneció a una rica familia judía. También se encontraron inscripciones, algunas en árabe y lámparas de aceite decoradas hechas en arcilla que habrían servido a los peregrinos cristianos hasta la conquista musulmana de la región, en el siglo IX.

Lo que más sorprendió a los investigadores fue el uso como capilla cristiana que se le otorgó, a juzgar por las cruces y las inscripciones, y como lugar de peregrinación. Una de las hipótesis que propusieron entonces los investigadores fue que el culto a Salomé pertenece a un fenómeno en el que los peregrinos cristianos del siglo V d.C. encontraron y santificaron lugares judíos. Posiblemente el nombre de Salomé apareciese en la antigüedad en alguno de los osarios de las tumbas que no se conservan. A partir de ahí se habría desarrollado la tradición que identifica la cueva de Salomé, como se conoce el lugar, con la partera.

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas