Fue encerrado en una celda minúscula, a oscuras, sin libros, sin luz ni compañía. Y, sin embargo, allí, en medio del silencio más cruel, san Juan de la Cruz escribió algunos de los versos más luminosos de la mística cristiana. Religioso carmelita, reformador, místico y poeta, este español del siglo XVI no solo marcó la historia de la espiritualidad, sino también la de la literatura en lengua castellana.
Su Cántico espiritual y la Noche oscura del alma siguen siendo brújula para quienes buscan una unión íntima con Dios. Perseguido por su propia orden por impulsar la reforma del Carmelo junto a santa Teresa de Jesús, Juan nunca dejó de predicar, confesar y escribir, aun con el cuerpo castigado y el alma depurada. Murió en Úbeda en 1591, dejando como legado palabras que no se apagan.