El obispo James Conley es pastor de la diócesis de Lincoln, Nebraska, y apicultor
Cría 10.000 abejas, embotella su miel y predica sobre la creación: así es el obispo apicultor de Nebraska
James Conley, obispo de la diócesis de Lincoln, no es un apicultor cualquiera; su pasión nació por casualidad en la universidad, cuando necesitaba una última clase de ciencias para graduarse
El obispo James Conley, pastor de la diócesis de Lincoln, Nebraska, no solo cuida de su rebaño de fieles, sino también de más de 10.000 abejas que se han convertido en su pequeño ejército dorado en dos colmenas ubicadas en su terreno.
Este obispo no es un apicultor cualquiera; su pasión nació por casualidad en la universidad cuando necesitaba una última clase de ciencias para graduarse. Eligió 'La colmena y la abeja' y quedó maravillado para siempre, según relata el National Catholic Register.
«Me enamoré de la belleza y el misterio de la abeja», dice Conley. «Cómo fabrican la miel, la economía de la colmena: toda la fascinante forma en que las abejas navegan por su mundo, recogen el néctar y delegan las tareas de la colmena», explica.
La apicultura: algo más que un pasatiempo
Lejos de ser un simple pasatiempo, la apicultura para el obispo es una forma profunda de contemplar la creación de Dios y una herramienta pastoral para reconectar a las nuevas generaciones con la naturaleza. Sin embargo, no fue un camino inmediato. Tras aquella primera clase universitaria que despertó su fascinación por las abejas, pasaron varios años antes de que pudiera volver a dedicarse a esta actividad.
Después de la universidad, se sintió interpelado por el famoso granjero Wendell Berry y su influyente obra The Unsettling of America: Culture and Agriculture ['La Desestabilización de América: Cultura y Agricultura'] que urge a preservar la riqueza de la tierra que Dios ha dado al hombre. Conley vivió en una comunidad agrícola, cultivando sus propios alimentos durante año y medio, hasta que fue llamado por Dios al sacerdocio.
'Miel ordinaria' de un obispo ordinario
Veinticinco años después de su primera clase, James Conley ha convertido su pasión por las abejas en una realidad tangible. Con una casa rodeada con poco menos de media hectárea, encontró el espacio perfecto para retomar la apicultura. Fue un regalo de un amigo –su primera colmena– lo que le abrió la puerta a este mundo.
Además, embotella la producción de sus propias abejas, que etiqueta con humor como 'Miel Ordinaria', en referencia a su título de ordinario de la diócesis. Pero ese dulce producto es solo una parte de su proyecto: ha añadido más colmenas y planea seguir ampliando. Lo que obtiene lo reparte entre amigos y conocidos, y también lo dona a subastas locales en apoyo a escuelas católicas.
Botes de 'miel ordinaria' que vende el obispo de Lincoln
La naturaleza «para alejar las pantallas»
Y no solo eso. Este obispo apicultor lleva esta enseñanza más allá de su jardín: visita escuelas, fomenta aulas al aire libre y que se extienda el tiempo de recreo para alejar a los niños de las pantallas y acercarlos a la maravilla real y palpable de la naturaleza.
«En los últimos tiempos he leído muchos libros sobre el aumento de los problemas de salud mental entre los niños, y parte de ello está relacionado con el tiempo que pasan frente a las pantallas. Creo que esto puede causar ansiedad o incluso depresión», asevera al Register.
En un momento marcado por el aumento del uso de la tecnología, que puede fomentar el aislamiento, y en el que con frecuencia se aborda el cuidado del medio ambiente de forma simplista, el obispo Conley subraya el valor restaurador de la naturaleza y cómo «te hace preguntar sobre Dios y su bondad».
En su mirada sobre las abejas –y sobre todo lo que ellas revelan– hay una invitación a redescubrir lo esencial, lo gratuito, lo bello. Y ahí, concluye: «Solo un Dios bueno crearía algo tan hermoso como una abeja, para nuestro propio placer y nuestro propio deleite».