El sacerdote Mamadou Adrien Sawadogo y su padre, Al-Hadjdj Issa, imán
Un imán y su hijo sacerdote católico: 30 años de fractura sellados por el ayuno compartido
La conversión de Adrien Sawadogo en 1992 supuso un cisma en el seno de una familia musulmana tradicional de Burkina Faso, provocando que su padre, el imán Al-Hâdjdj Issa, le diera la espalda
Adrien Sawadogo es misionero de los Padres Blancos; su padre, Al-Hâdjdj Issa, es imán. Según relata el portal de noticias vaticano, ambos viven hoy una realidad que parecía imposible en 1992: compartir bajo un mismo techo los periodos de ayuno de la Cuaresma y el Ramadán, que este año han vuelto a coincidir en el calendario.
Todo comenzó cuando Adrien, el hijo mayor, experimentó un encuentro con Cristo «a la manera de San Pablo». Para una familia musulmana practicante, que el primogénito se convirtiera al cristianismo para seguir el camino de «Nabi Issa» (Jesús) fue inicialmente un choque inasumible que dinamitó la estructura de su hogar. Su padre no pudo aceptarlo inicialmente y le dio la espalda, provocando una fractura que tardaría en sanar.
Una escena que recuerda en cierto modo a la parábola del hijo pródigo, pero con un giro: también aquí es el hijo quien se aparta del camino esperado y se aleja del hogar, pero no para perderse, sino para seguir una llamada de fe que da sentido a su vida. El regreso no fue inmediato ni el abrazo llegó al instante pero porque el padre, herido y desconcertado, necesitaría tiempo para aceptar lo sucedido y rehacer el vínculo. Durante años, esa distancia marcó la relación entre ambos y mantuvo a Adrien alejado de su familia.
El camino hacia la paz
La reconciliación resultó ser un proceso lento de treinta años. Fue un hermano del imán quien sembró la primera semilla al aconsejar a Issa que dejara marchar a su hijo, advirtiendo que obligarlo a volver al islam podría suponer perderlo para siempre. Con el tiempo, el padre permitió que Adrien continuara sus estudios teológicos, mientras el joven también profundizaba en los estudios islámicos y el Corán. «Lo que Dios no quiere, nadie lo puede lograr», reflexiona hoy el imán, aceptando que la trayectoria de su hijo formaba parte de un plan superior.
En 2022, tras décadas de tensiones y discusiones a menudo infructuosas, las palabras de paz finalmente llegaron. Issa reconoció públicamente la autenticidad de la fe de su hijo: «En verdad, vosotros, los cristianos, conocéis a Dios». Para el padre imán, las divisiones humanas son errores de los hombres, no de Dios, y considera que es más beneficioso perdonarse y trabajar juntos que enfrascarse en disputas inútiles.
Una «Dios-idencia»
La coincidencia este año del Ramadán y la Cuaresma es vista por ambos como una «Dios-idencia», un término que Adrien toma prestado de un monje de Salisbury para describir esos guiños divinos que otros llaman azar. Para el misionero, esta correspondencia temporal es una invitación a vivir la «mística del encuentro», concepto impulsado por el Papa Francisco.
Mientras que la Cuaresma sumerge al cristiano en el misterio de la redención, el Ramadán conmemora la «noche del destino» y el inicio de la revelación coránica. «Es un momento intenso de silencio, oración, escucha, arrepentimiento y manifestación de la misericordia divina», explica el padre Adrien.
Al-Hâdjdj Issa Sawadogo concluye que esta coincidencia es una «indicación divina» para que ambas comunidades, que representan a más de la mitad de la población mundial, unan esfuerzos y busquen la excelencia en su propia fe sin denigrar la del otro.