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León XIV saluda a los fieles presentes en la Plaza de San Pedro

León XIV saludando a fielesAFP

Audiencia General

El Papa alerta contra una fe sin oración personal: «Solo cuando hablamos con Dios podemos también hablar de Él»

El Papa insistió en no desoír la llamada de Jesús: «Cuidemos esta relación, y descubriremos que la amistad con Dios es nuestra salvación»

Con el intenso frío que se está viviendo en Roma estos días, las Audiencias Generales han vuelto a celebrarse en el interior del Aula Pablo VI. Ante miles de peregrinos llegados de todo el mundo —entre ellos, como es habitual, numerosas parejas de recién casados que acuden a estas catequesis semanales para recibir la bendición del Pontífice—, el Papa ha iniciado un nuevo ciclo de catequesis sobre el Concilio Vaticano II.

En esta primera intervención, el Santo Padre ha puesto el foco en la Constitución dogmática Dei Verbum sobre la Revelación divina , uno de los textos más decisivos y, en sus palabras, «más bellos y más importantes» del Concilio. No se trató de una lección académica, sino de una invitación a redescubrir que la Revelación cristiana no es un conjunto de ideas, sino una relación viva de amistad entre Dios y el hombre.

El Santo Padre recordó que Jesucristo «transforma radicalmente la relación del hombre con Dios». Ya no se trata de una distancia insalvable entre el Creador y la criatura, sino de una cercanía que sorprende. «La única condición de la nueva alianza es el amor», recordó, apoyándose en san Agustín y en el Evangelio: Dios no es nuestro igual, pero «Dios mismo nos hace semejantes a Él en su Hijo».

El Papa subrayó que la historia de la salvación está marcada por un diálogo que comenzó en el Génesis, se quebró con el pecado y fue restablecido definitivamente cuando «Dios se hace carne en su Hijo para venir a buscarnos». Por eso, citando directamente Dei Verbum, recordó una frase que lo resume: «Dios invisible habla a los hombres como amigos, movido por su gran amor».

El peligro de la «charla» informativa

Pero toda amistad auténtica exige algo esencial: escuchar. Y aquí León XIV afinó el mensaje con una distinción. No es lo mismo la palabra que la charla. La charla «se detiene en la superficie y no realiza una comunión entre las personas»; la palabra verdadera revela, crea comunión, compromete. «Dios nos habla», insistió el Papa, y esa palabra pide un corazón disponible.

De ahí la centralidad de la oración en la que ha insistido. No para decirle a Dios lo que ya sabe, sino —como explicó León— para «revelarnos a nosotros mismos» delante de Él. La oración litúrgica, donde es la Iglesia la que nos pone a la escucha, y la oración personal, en el silencio del corazón, son el lugar donde se cuida esta amistad que salva.

De hecho, ha sido tajante al afirmar que la calidad del discurso cristiano depende de este contacto previo: «Solo cuando hablamos con Dios podemos también hablar de Él». Es por eso que el Pontífice ha lanzado una advertencia contra el descuido de esta relación, comparándola con cualquier vínculo humano que se desmorona por la falta de atención.

Las rupturas no siempre llegan por grandes traiciones, sino por «una serie de desatenciones cotidianas que desgastan la relación hasta romperla». Cuidar este vínculo no es una cuestión de sentimiento, sino algo esencial, porque «la amistad con Dios es nuestra salvación».

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